lunes, 30 de noviembre de 2009

Encontrando el sentido de la vida

La vida del ser humano es una gran carrera, llena de retos, obstáculos, alegrías, sufrimientos y circunstancias, que lo conducen a buscarle una razón de ser, un motivo por el cual luchar a fin de alcanzar el fin último para el cual fue creado: la felicidad.

A pesar de lo anterior, vivimos en una sociedad en la cual el ser humano cada vez sabe menos lo que quiere; los medios masivos de comunicación le proponen una vida sin límites, “light”, fácil, en la cual los valores materiales parecieran lo más importante, dejando los valores transcendentales en un segundo plano y, en el peor de los casos, olvidados. Pero, ¿en dónde está el problema? La respuesta se puede resumir en tres palabras: pérdida del sentido.

A lo largo de este ensayo, abordaremos la problemática anterior, mencionando qué es la crisis de sentido, lo que la ha ocasionado y definiendo las necesidades humanas de orientación a ser satisfechas, con la finalidad de contrarrestar esta crisis que vive la sociedad moderna.

El término “sentido” probablemente lo vinculemos con una realidad abstracta, ajena a nosotros y al medio dentro del cual nos desenvolvemos; sin embargo, ahí comienza el error, al no reconocerlo como algo que se forma en la conciencia del individuo, a partir de su acción social que constituye su identidad.

Ahora bien, el ser humano no vive aislado, necesariamente necesita del otro para desarrollarse en todo lo que es, en plenitud. Es por tal razón, que Peter L. Berger y Thomas Luckmann, en su ensayo denominado “Modernidad, Pluralismo y Crisis de Sentido”, hablan de un depósito de sentido común cotidiano, a través del cual el individuo hace frente al mundo en el cual está inmerso.

Vinculado a la idea anterior, tenemos que ante de la modernización, el ser humano se regía por valores compartidos incuestionables que le marcaban pautas de acción, lo cual hasta cierto punto facilitaba su relación con los demás y el claro rumbo de su vida. No obstante, la globalización viene a cambiar esta dinámica al plantear un mundo de posibilidades dentro de las cuales tendrá que elegir a fin de ir construyendo el sentido de su vida.

Dentro de los grandes cambios que ha traído la modernización, encontramos los relacionados con los sistemas de valores, los cuales no hacen otra cosa que explicar el actuar del hombre. Como ya se mencionaba, el hombre anteriormente los daba por sentados y se adhería a ellos sin preguntarse si cabría otra alternativa, sin embargo, actualmente no sólo puede elegir aquellos que regirán su vida, sino incluso jerarquizarlos según sus intereses y concepción que se tenga del mundo.

Esta puede ser una explicación por la que se dice que la sociedad actual es cada vez más materialista y superficial, en donde la riqueza del ser humano radica más en el tener que en el ser, lo cual no sólo rebaja la dignidad de la persona al equipararlo a un objeto, sino que además, se puede constituir en un obstáculo para su realización personal.

Es por esta razón, que no es poco común encontrarnos con gente insatisfecha, triste, que deja pasar la vida como si no tuviera importancia, como si nada valiera la pena, cuando ello no es producto de nadie más que de la construcción personal; si bien es cierto el tan conocido dicho que menciona lo siguiente: “cada uno es arquitecto de su propio destino”.

Ahora bien, esta crisis de sentido no sólo recae en el materialismo, también en el pluralismo, generado a partir de la interacción de personas que, viviendo dentro de una misma sociedad, lo hacen de modos diferentes. Esto puede llevarnos, sin lugar a duda, al relativismo, a pensar que cada uno está en el derecho de hacer lo que plazca, de acuerdo con sus gustos, intereses y necesidades, siempre y cuando no dañe a quienes les rodean. De esta manera, como bien dicen Peter L. Berger y Thomas Luckmann en su ensayo, “las convicciones se tornan una cuestión de gustos; los preceptos se vuelven sugerencias”; en otras palabras, ya no hay nada estable, “todo depende del cristal con que se mira”.

A pesar de lo anterior, hay una cuestión sobre la cual el ser humano no puede atentar: la verdad existe independientemente de que éste quiera o no reconocerla, de ahí que deba buscar todos los medios para adecuar su entendimiento a la realidad (verdad) de las cosas. Para ello, cuenta con dos facultades propias de su especie: la inteligencia y la voluntad, mismas que le permiten dirigir sus acciones hacia aquello que perfeccionan su naturaleza y lo llevan a la plenitud.

Siguiendo con las posibles causas de la crisis de sentido, encontramos el gran impacto que ejercen los medios de comunicación, quienes exhiben una amplia gana de formas de vida y de pensamiento, que los seres humanos toman como modelo a fin de encontrarle una dirección a su vida. Esto responde indudablemente a una necesidad del ser humano de autodirección y autogobierno, sin embargo, quizá no le sea del todo benéfico si partimos de la base que sus propuestas no van encaminadas a que el hombre alcance la felicidad, sino más bien, a que “viva la vida sin preocupaciones”, disfrute al máximo “el momento” y viva sin límites.

Aunado a lo que se acaba de señalar, tenemos los grandes avances de la tecnología que han simplificado la vida del hombre al permitirle llevar a cabo una cantidad inimaginable de actividades que anteriormente le resultaba imposible. Un ejemplo de ello es Internet, a través del cual podemos mantenernos al tanto de lo que ocurre en todos los países del mundo en cuestión de segundos y establecer comunicación de una manera rápida y efectiva con cualquier tipo de persona, pertenezca o no a nuestra red social

Un caso muy concreto es Facebook, una de las redes sociales más empleadas en la actualidad por niños, jóvenes y adultos, la cual brinda la posibilidad de entrar en contacto con gente vinculada a nosotros, o bien, con personas que fueron parte de nuestra vida en algún momento pero por una u otra razón dejaron de serlo. A simple vista parece muy atractivo en cuanto a la oportunidad que nos ofrece de conocer más sobre nuestros amigos y conocidos, de “recuperar” viejas amistad o bien consolidar nuevas, sin embargo, ello conlleva también la pérdida no sólo de nuestra intimidad sino de nuestra capacidad para relacionarnos y comunicarnos con los otros.

La idea anterior también nos remite a una carencia de vida interior en la persona; nos preocupamos más por conocer qué sucede en el otro, en lugar de entrar en lo más profundo de nosotros para descubrir quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Si estos tres aspectos no los tenemos claros, es muy probable que tampoco hayamos encontrado el sentido de nuestra vida.
Pasar la vida sin cuestionarnos la razón de nuestra existencia, podría no ser otra cosa que una pérdida de tiempo e incluso un modo de quitarle el valor que por sí misma tiene. La carencia de sentido en la vida, ha llevado a muchas personas a una crisis, buscando para ello la ayuda de instituciones y personas que las orienten para descubrir esto que tanto anhelan, a fin de vivirla con mayor plenitud, compromiso y de un modo más congruente, con base en valores que la sustenten.

Entre las instituciones que brindan esta ayuda encontramos las educativas, cuya principal función consiste en formar a la persona y desarrollarla en todo lo que es, es decir, en su integralidad (su área cognitiva, emotiva, actitudinal, social, espiritual, etc.). De igual forma, distintos orientadores, terapeutas, psicólogos clínicos, entre otros especialistas se ha preocupado en procurar el bienestar de la persona proporcionando asistencia en esta área.

La pregunta que cabría entonces formular es ¿qué necesidades humanas básicas de orientación deben ser satisfechas?

Para responder al cuestionamiento anterior, comenzaré hablando de la moral, término que hoy en día está muy devaluado al vincularlo inevitablemente con la religión, cuando en realidad hace referencia a un conjunto de normas que guían el actuar del ser humano, orientándolo acerca del bien o mal de sus acciones. Si el hombre asume las normas morales, sabrá de qué manera dirigir su actuar a fin de alcanzar las metas que lo perfeccionen y engrandezcan.

No obstante, vivir con base en las normas morales implica un gran compromiso por parte de la persona, al reconocer que sus actos no se quedan sólo en sí mismo, sino repercuten en los demás. De la misma manera, conlleva una lucha constante por vivir de un modo congruente (unidad de vida), en donde los actos estén en concordancia con una determinada manera de pensar y de sentir, lo cual no es fácil, pero seguramente muy enriquecedor para quien lo logra.

Así mismo, el manejo de límites es otra de las necesidades a ser satisfechas, debido a que los seres humanos tenemos libertad, de cuyo uso dependen no sólo los resultados que de nuestros actos obtengamos, sino la satisfacción personal producto de éstos. Actualmente, es frecuente encontramos con gente que piensa que todo es válido, que lo importante es “hacer lo que nos nazca”, cuando si bien tenemos libertad, también tenemos la voluntad para decidir qué acciones nos llevan hacia el bien, y cuáles son obstáculos para su consecución.

Por lo anterior, resulta de mucha importancia que como seres humanos reconozcamos que la vida no está para cumplir caprichos, sino más bien para aprovecharla y darnos a los demás, un medio que sin lugar a duda nos puede llevar a la realización personal.

En la vida se nos presentan diversas dificultades que de irlas afrontando y superando, nos permiten crecer como seres humanos y enriquecernos a partir de ello. Por tal razón, otra necesidad de orientación radica en el establecimiento de un proyecto de vida en el que se definan metas a alcanzar a partir de la consecución de pequeños objetivos. Esto no sólo llevará al ser humano a tener algo por qué luchar en la vida, sino también a darse cuenta de que lo verdaderamente valioso requiere de esfuerzo, tenacidad y entrega, contrario a los planteamientos de la sociedad moderna.

Dejarse llevar contra corriente resulta sumamente fácil en el mundo en el que vivimos, por tal razón, defender con argumentos sólidos nuestras convicciones, teniendo como medio a la comunicación (cuidando el mensaje, el modo y el momento) y siendo respetuosos y tolerantes frente al modo de pensar de otras personas, nos permitirá darle un rumbo más sólido a nuestra vida.

Otra de las necesidades de orientación para contrarrestar la crisis de sentido, está vinculada al fomento de relaciones más armónicas entre los miembros de una familia. Actualmente, es frecuente ver familias en las cuales los miembros que la conforman viven “unidos” sin realmente estarlo, lo cual se debe a la falta de comunicación e interacción entre sus miembros; no comparten sus sentimientos, sus experiencias, su modo de ver la vida, de ahí que no se afiancen vínculos afectivos que constituyan el soporte que se requiere ante momentos de dificultad. Por tal razón, la satisfacción de esta necesidad le permitirá a la persona nunca darse por vencida tomando en cuenta que tiene el apoyo y el cariño de quien lo necesita.

Finalmente, a manera de conclusión podemos decir que el sentido está en nosotros mismos de ahí que esté también en nuestras manos encontrarlo a fin de realizarnos plenamente como seres humanos, o bien, dejar pasar la vida sin tomar en cuenta que es un tesoro que nos pertenece y estamos desperdiciando. Así mismo, ante la crisis de sentido se han creado distintas instituciones de orientación, no obstante, ninguna ayuda será suficiente sin la voluntad y el compromiso de quien a ella acude.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Conflicto de canal

Brent Driven y Zach Evanz realizaron una presentación sobre el tema “Conflicto de canal”, en donde de manera muy puntual dan a conocer sus aspectos más relevantes, mismos que retomaré en la presente reseña.

Para comenzar, los autores intentan explicar lo que es un conflicto de canal a través de una imagen, misma que hace notar un conflicto entre dos personas teniendo a un tercero por mediador. Seguramente, si esta presentación fue realizada para una ponencia u exposición, estos autores utilizaron esta imagen como medio para explicar el concepto, pero teniéndola como tal, como presentación, el único mensaje que transmite es que se trata de un pelito, sin ahondar más en este punto (por ejemplo, de qué tipo de conflicto se trata). Desde mi punto de vista, hubiera sido de mucha utilidad haber puesto palabras clave que ayuden a la mejor comprensión del concepto.

Ahora bien, de acuerdo a su definición de conflicto de canal, éste se presenta cuando los miembros de un canal tienen una percepción sobre sus roles, responsabilidades y logros distinta a lo de los miembros de otro canal. Con respecto a esto, yo les sugeriría a los autores que aclararan desde el inicio que el canal del cual están haciendo alusión es el de distribución debido a que así se le podría dar mejor cauce a la temática y generar mayores expectativas en quienes lo están aprendiendo.

El autor continúa abordando la temática proponiendo dos causas de un conflicto de canal: la evolución del mercado y las estrategias de e-commerce. Me hubiera gustado que los desarrollara más dado que no comprendo por qué los anteriores pueden ser el origen de un conflicto de canal, además de que inmediatamente dieron paso a la relación que tiene el conflicto de canal con Internet (probablemente buscando explicar e-commerce), sin abordar la evolución del mercado, que es la primera causa que proponen.

En relación a las motivaciones para la venta directa, los autores mencionan que ésta permite proporcionar un mejor servicio, tener mayor flexibilidad con los atributos del producto, mayor acercamiento con el cliente, protegerse contra la crisis de los revendedores, entre otros por mencionar. Estoy de acuerdo con los autores en los beneficios que puede traer este tipo de venta, aunque también considero que su utilidad varía de acuerdo con el tamaño de la empresa (probablemente a una empresa grande no le funcione tan bien la venta directa, como lo sería para las pequeñas empresas), el tipo de negocio y los clientes a los que se vende.

Identificar cuando una compañía está experimentando conflictos de canal, resulta de gran importancia para diseñar las estrategias que lleven a su resolución. Los autores proponen 10 signos para esta identificación, que podría resumirlas en una baja de ventas y una deficiente atención al cliente que se ve reflejado en quejas e inconformidades de su parte. Ante esto, yo considero que la línea de acción que debería seguir una empresa, primero que nada, es atender a sus clientes internos (empleados), al ser el recurso más importante con el que cuentan de cuya satisfacción va a depender los resultados que generen, y en segunda instancia, satisfacer las necesidades de sus consumidores, debido a que ello permitirá subir las ventas y por ende que la empresa siga generando utilidades.

Los autores dan a conocer, de igual modo, los dos tipos de distribuciones, en donde dejan en claro que la distribución directa, a través de un sitio web, deja mayores ganancias a la empresa que la distribución tradicional, en donde hay un detallista o retailer al que se le tiene que pagar, reduciendo por tanto los ingresos por los productos. Este aspecto me llamó mucho la atención y me parece muy cierto, puesto que un intermediario en las ventas, como Internet, puede reducir costos y a la vez generar mayores consumidores tomando en cuenta que se trata de un medio masivo de comunicación.

Para minimizar el conflicto de canal, los autores plantean 10 ideas, entre ellas no publicar los precios en los sitios web, desviar el cumplimiento de las órdenes de los retailers, generar anuncios en línea y comunicar efectivamente sobretodo la estrategia de distribución. A mi parecer, la última estrategia mencionada es la más idónea, dado que permite definir con claridad cómo abordar las necesidades del cliente a fin de que tanto éste como la empresa salgan beneficiados.

Finalmente, a modo de conclusión, los consumidores se mueven entre ambos canales de distribución (tradicional o directo), de ahí que los dos deban satisfacer sus necesidades y compartir costos. Vinculado a esto, considero que los conflictos de canal no son poco comunes, sin embargo, si ambos se emplean según las circunstancias partiendo de un objetivo claramente definido, los conflictos podrían disminuir y el empleo de los canales podría verse como complemento, más que como competencia.

domingo, 18 de octubre de 2009

¿Cómo manejar situaciones conflictivas?

Los seres humanos somos esencialmente seres de relación; en nuestra vida estamos constantemente en contacto con otros, necesitamos de los demás para cubrir nuestras necesidades, tanto materiales como de tipo afectivo, para desarrollarnos, crecer y alcanzar las metas y retos que la vida nos va planteando.

No obstante, la relación con los otros no siempre resulta como quisiéramos (buena o armoniosa), lo cual en buena medida se debe a la complejidad del ser humano, en el sentido de que dentro de cada uno existe un mundo completamente distinto, lleno de vivencias, experiencias y circunstancian que van consolidando nuestra personalidad y definen (no determinan) el modo de entender el mundo y reaccionar ante lo que éste nos plantea.

Por tal razón, el hecho de que cada persona sea “única e irrepetible”, nos lleva indudablemente a reconocer que el conflicto es algo natural en nuestra relación con el otro; sin temor a equivocarme podría asegurar que todos en alguna ocasión lo hemos experimentado, sin embargo, probablemente pocos nos hemos detenido a reflexionar cómo los hemos manejado, qué resultados nos ha traído dicho manejo, de qué manera podríamos abordarlos de una mejor manera y qué reacciones favorecen su resolución y cuáles la impiden. Pues bien, a lo largo de este ensayo, abordaré el tema de la resolución de conflictos partiendo de mi experiencia y del manejo que he tenido de los mismos para analizar cuáles podrían ser los medios más idóneos para enfrentar el conflicto de tal forma que este no crezca, y por el contrario, genere resultados favorables para quienes están inmersos en éste.

Para comenzar, hay que entender lo que es el conflicto, sobre el cual podemos encontrar una gran variedad de definiciones. En general, podemos decir que se trata de situaciones de desacuerdo, discordia o fricción entre los miembros de un grupo, o entre grupos, en donde entran en juego palabras, emociones y acciones que generan efectos negativos y, por ende, la necesidad de negociar a fin de encontrarle una salida. También pueden generarse conflicto de tipo intrapersonal, es decir, al interior de la persona.

Existen varios tipos de conflicto, siendo a mí parecer uno de los más comunes el pseudo-conflicto, o aquél generado por los malentendidos. Con respecto a este, se me vienen a la mente una gran cantidad de ejemplos, no obstante, hay uno muy significativo que me gustaría compartir en esta ocasión. Éste se gestó hace un par de meses con una amiga; después de llevar una muy buena amistad con ella, empecé a notar que su comportamiento hacia mí había cambiado y en mi cabeza sólo cabía el siguiente planteamiento “y ahora… ¿qué le habré hecho?”. Ante esto, mi reacción natural fue preguntarle “¿qué te pasa?” “¿estás bien”?, en realidad yo buscaba encontrar respuesta a sus cambios de actitud. Como era de esperarse su respuesta era “nada… estoy bien”, no obstante, yo notaba que con el tiempo esta situación iba empeorando. No fue sino hasta que platicamos, exponiendo nuestro punto de vista y sentimientos en relación a la situación, que descubrimos que todo se trataba de un problema en la percepción (por ambas partes). Desde ese momento, este conflicto, que no era otra cosa que un malentendido, quedó resuelto dejándonos un gran aprendizaje: no existe mejor herramienta para solucionar un conflicto que la comunicación.

Otro tipo de conflicto es aquél que surge cuando entre las personas hay desacuerdos en algunas cuestiones. Es claro que todos tenemos puntos de vista distintos, y muy respetables en la mayoría de los casos, no obstante, desde mi punto de vista la clave para solucionar este tipo de situaciones está en saber escuchar lo que el otro piensa y buscar llegar a un acuerdo, partiendo de la base que ambos pueden salir beneficiados cuando se aprende a ceder y a salir de uno mismo para entrar en contacto con los intereses y necesidades del otro. Por tal razón, la apertura de pensamiento, tolerancia y empatía, se constituyen en elementos claves en el afrontamiento del conflicto.

Los conflictos por motivo del choque de personalidades suele ser muy frecuente en nuestra relación con los otros. Con respecto a esto, es muy cierto que en ocasiones “no nos gusta de los otros, aquello que no queremos ver en nuestra propia persona”; no obstante, caer en la cuenta de ello puede resultar más difícil de lo pensado. Una manera de lograrlo, que me ha sido de mucha utilidad, es tomar en cuenta lo que los otros me dicen (siempre hay alguien que me lo hace notar), aceptar que dichas actitudes o comportamiento son parte de mí, y no juzgar al resto que las tiene, por lo contrario, trabajar aquello aspectos a fin de eliminarlos de mí personalidad. Asimismo, hablar con el otro de lo que me molesta de su persona, estando tranquila y habiendo generado un ambiente de confianza, me ha ayudado a solucionar conflictos o bien, a evitar que estos crezcan.

Siguiendo con los conflictos de tipo interpersonal, hay ocasiones en las que estos no se solucionan porque se ataca directamente a la persona en lugar del problema. Ser objetivo y trabajar directamente el asunto, independientemente de las personas que estén involucradas, resulta de gran utilidad, para la cual debe existir intencionalidad por ambos lados de arreglar la situación. En mi experiencia, ha resultado sumamente difícil abordar un conflicto cuando la otra persona involucrada (o en su defecto, yo misma) no hace otra cosa más que discutir y estar a la defensiva; por lo contrario, cuando las dos persona deseamos dejar a un lado esta situación, el abanico de posibilidades de solución se suele ampliar y por lo mismo, el tiempo que ello conlleva suele disminuir. Por tal razón, la persuasión considero que es una habilidad que trae consigo muchos beneficios en la resolución de los conflictos, así como saber escuchar al otro, encontrar puntos de acuerdo y desacuerdo, e identificar líneas de acción que ambos podamos llevar a cabo.

Hablando ahora de los conflictos de orden intrapersonal, tenemos dos tipos de conflictos: aquéllos generados cuando se debe elegir una de varias alternativas que pueden traer resultados positivos, y aquéllos en los cuales los resultados de las opciones planteadas probablemente generen resultados negativos. Este aspecto me recuerda cuando estaba en la preparatoria y me enfrentaba ante la tarea de elegir la carrera; verdaderamente tenía un conflicto intrapersonal (el primero que señalo), debido a que eran muchas las de mi interés y en cualquiera de ellas pensaba que podría desenvolverme en un futuro para realizarme en el ámbito personal y profesional. La pregunta es ¿cómo salí de este conflicto? Primero que nada, busqué tranquilizarme y dejar a un lado la tensión que esta temática me provocaba, más adelante busqué alternativas de solución (aplicación de pruebas psicométricas) y finalmente tomé la decisión con base en los resultados obtenidos en las pruebas, en mis intereses a largo plazo y a un balance de pros y contras que cada carrera me traería. Ahora esta experiencia me sirve como ejemplo para saber qué hacer bajo circunstancias similares.

Además de los conflictos interpersonales e intrapesonales (que ya se han abordado a lo largo de este ensayo), existen los conflictos intergrupales, los cuales se producen cuando los intereses y las metas de un grupo son diferentes a los de otro. Con respecto a esto, se puede optar por un manejo de conflicto cuya base sea la competencia, lo cual no traería otra cosa que una mayor fricción, o bien lograr detectar aquellos aspectos que tienen en común (aquí se dejaría de centrar la atención en las diferencias), de tal modo que estos se conviertan en un punto de unión a través del cual se logre disminuir la posible rivalidad y se trabaje de forma colaborativa para la consecución de una meta compartida. La segunda opción, sin lugar a duda, puede generar mejores resultados.

Ahora bien, no sólo se presentan conflictos entre grupos, también surgen dentro de un mismo grupo debido a la incompatibilidad entre sus miembros o a desacuerdos vinculados con el tipo de tareas a llevar a cabo, a diferencias en opiniones, puntos de vista o ideas. En relación a esto, cabe señalar que muchas veces sus miembros van a permanecer unidos por bastante tiempo (como lo es en un grupo escolar), de ahí que intentar pasar por alto dichos conflictos no sería más que un obstáculo para la consecución de las metas en común; más bien, situaciones que he experimentado de este estilo me han enseñado que la capacidad de diálogo y negociación, la tolerancia y el compromiso personal, son los mejores aliados para la resolución de este tipo de conflictos, para lo cual podría ser recomendable esperar un tiempo después de que se gestó de tal manera que “las aguas se hayan calmado” y la manera de afrontarlo sea mucho más racional.

Vinculado a lo anterior, tenemos los conflictos que se desarrollan en el ámbito laboral. Aún a pesar de mi poca experiencia en este terreno, he podido notar que la mayor parte de los conflictos generados se deben a la mala comunicación, en el sentido de que no hay claridad en relación a lo que se espera de nuestro trabajo, la información que se da no es clara y las tareas no están bien definidas y estructuradas. Por tal razón, el medio más idóneo para su solución es generando mejores canales de comunicación entre nosotros y nuestros superiores (o en su caso, subordinados), de tal forma que las dudas queden aclaradas, se construya un plan de trabajo con metas asequibles en un determinado periodo de tiempo y se detecten las principales problemáticas o dificultades a trabajar.

Ya hemos hablado de los tipos de conflicto, sin embargo, hay un aspecto que me parece fundamental abordar: su connotación. Es común considerar al conflicto como una situación negativa, de la que mejor hay que huir a fin de salir bien librados, cuando en realidad no nos detenemos a pensar que los conflictos también son necesarios para crecer como seres humanos, para centrar nuestra energía en lo verdaderamente importante y para aprender de estas circunstancias.

En relación a lo anterior, recuerdo una ocasión en la que tuve un conflicto con una de mis maestras hace unos cuantos años; en ese momento no sabía cómo hacerle frente a tal circunstancia, ni cómo reaccionar ante ella, lo cual ocasionó que su solución no fuera la más idónea. No obstante, dicho suceso me ha servido para saber enfrentar situaciones parecidas y para darme cuenta que estos pueden ser una oportunidad de aprendizaje si los aprovechamos y sacamos lo mejor de ellos.

A pesar de lo anterior, un conflicto puede convertirse en un problema cuando su manejo no es el correcto, recurriendo para su solución de medios tales como gritos, insultos y enojos, que no hacen otra cosa que magnificar la situación y dañar, en algunos casos la integridad de una persona. Por tal razón, me parece fundamental la prudencia en el manejo de un conflicto, en el sentido de saber decir las cosas en el momento adecuado y del modo más pertinente con la finalidad no sólo de llegar a una mejor solución del conflicto, sino evitar decir cosas de las que a la larga nos arrepintamos.

Así como lo anterior, identificar la raíz del conflicto es fundamental para afrontarlo de la mejor manera, puesto que en muchas ocasiones, como bien dice Epicteto, “no son las cosas que nos pasan, sino lo que pensamos de las cosa que nos pasan”, de ahí que indagar cuándo un conflicto es producto de una situación determinada y cuándo sólo es resultado de nuestros propios pensamientos, puede resultar de gran ayuda para elegir las estrategias más adecuadas para su afrontamiento.

Tomando en cuenta todo lo que se ha mencionado a lo largo de este ensayo, puedo concluir que la base para solucionar los conflictos se encuentra en la comunicación, la cual para ser efectiva debe ser clara y directa. Asimismo, maneras de abordar un conflicto pueden ser muy variadas: podemos simplemente evitarlo, dejarlo en manos de otros, tomarlos como competencia, comprometernos o bien colaborar con quienes se tiene a fin de cubrir las necesidades en común. Desde mi punto de vista, el modo más idóneo de solución de conflicto es el compromiso, en donde se busque un ganar-ganar entre quienes lo están experimentando, así como trabajando en conjunto con estos para generar líneas de acción que lleven a la pronta resolución del conflicto en cuestión.

domingo, 11 de octubre de 2009

La respuesta de las organizaciones ante la crisis

Es claro que cada organización es distinta: sus funciones, actividades, metas, estructura, manejo interno, entre otros aspectos, varían de una institución a otra, teniendo también respuestas de diversa índole ante situaciones de crisis.

La presente reseña hace alusión a una entrevista que realiza Amaia Arribas a Fernando Mendoza, uno de los más destacados consultores e investigadores en México, en donde se trata la temática del manejo de la crisis por parte de las organizaciones abarcando determinados puntos tales como su gestión de acuerdo a su tipología, el tiempo de recuperación, el papel de los medios de comunicación en su manejo, entre muchos otros aspectos que comprende la entrevista y a los que se da respuesta de modo, a mi parecer, muy simple y concreto.

Para comenzar, Fernando Mendoza contesta a su primer pregunta mencionando que las empresas en una situación de crisis no son conscientes de que puede ser una oportunidad, de ahí que se aboquen, por lo general, a su resolución. Él manifiesta como motivos a lo anterior la falta de entrenamiento en el manejo de medios, así como la carencia de planes para enfrentar la crisis, lo cual me parece bastante acertado de su parte, debido a que sin un plan y/o manual que especifique qué hacer bajo estas circunstancias, es probable que la crisis no sea enfrentada de la manera más idónea, o bien, tome mayor tiempo del que requerido en caso contrario.

Ahora bien, ver la crisis desde una perspectiva negativa pueda sonar lógico, no obstante, desde mi punto de vista cierra la posibilidad para crecer como organización y detectar aquellos aspectos sobre los cuales se podría trabajar a fin de mejorar y generar resultados más favorables. Por lo anterior, yo le recomendaría a las organizaciones que miraran la crisis si bien como un reto, también como una oportunidad para reestructurarse, fortalecerse, aprender de los errores y hacer un diagnóstico de necesidades que les permita evitar caer a futuro en situaciones similares.
De acuerdo con el consultor Fernando Mendoza, contar con información poco transparente no es como tal el origen de muchas crisis (sin que niegue la posibilidad), sino más bien, aquello que dificulta la gestión, cauce y resolución de un problema. Con respecto a esto, considero que el manejo de la información en una crisis es fundamental, para lo cual la prudencia, enfocada a cuidar lo que se dice y cómo se dice, puede ser un medio para evitar que una crisis crezca, y por lo contrario, ayudar a que su afrontamiento sea mejor y de modo más eficiente.

En relación a aquellas situaciones de crisis que llegan a la opinión pública (medios de comunicación), me pareció muy pertinente la respuesta que el entrevistado ofrece, al hablar de aspectos positivos y negativos que ello conlleva. Por un lado, menciona que puede ser perturbadora y estresante para la organización, y por el otro, una situación que resulta beneficiosa para ésta gracias a la intervención de diversos actores, con lo cual deja claro que no podemos polarizar refiriéndonos a la opinión pública como una amenaza ante la crisis, sino que en determinadas ocasiones puede serlo, y en otras no.

Amaia Arribas le cuestiona también a Fernando Mendoza sobre el tipo de crisis más difícil de gestionar (vinculada al aspecto de la imagen), a lo que él responde que todas tienen sus particularidades, no obstante, le parece que más que el tipo de crisis, lo que marca la diferencia en su gestión es la respuesta de la organización. Con respecto a esto, si bien estoy muy de acuerdo con su postura, me hubiera gustado que profundizara un poco más en esta pregunta, indicando cuándo podría considerarse que una organización reaccionó de manera favorable a una crisis (en términos generales), qué aspectos debería contemplar al momento de gestionarla a fin de que su imagen como organización salga favorecida y qué recomendaciones le daría a una organización para salir librados en este punto de la mejor manera.

Ante una crisis, son muchas poblaciones las que se atienden y muchos otros sectores que se descuidan aún a pesar de requerir apoyo ante estos momentos de dificultad. Un aspecto que me causó gran interés (por ser a mi parecer cierto), es el hecho de que con frecuencia se descuida a los públicos internos a la organización por dar mayor seguimiento a las audiencias externas, lo cual desde mi perspectiva es un grave error puesto que, como factor humano, son los elementos más importantes dentro de ésta que necesitan cubrir sus necesidades para mantener su motivación y buen rendimiento, así como para salir bien librados de la crisis, con una actitud positiva al sentirse tomados en cuenta y valorados.

La pregunta que le sigue a la anterior es ¿cómo se debe trabajar estas situaciones con los medios de comunicación? Fernando Mendoza a mi parecer se queda muy corto con su respuesta, e incluso no contesta lo que se le plantea, mencionando exclusivamente que hacen su trabajo y recurrir a ellos es parte de la estrategia empleada para manejar la crisis. Me gustaría que en otra oportunidad la abordara de un mejor modo y con mayor profundidad.

El tiempo que se requiere para recuperar la imagen y reputación perdida como consecuencia de una fuerte crisis es otra de las preguntas planteadas en la entrevista, a lo que se responde que éste es variable como lo es cada situación. En relación a esto, estoy completamente de acuerdo, puesto que el tiempo de recuperación cambia según la circunstancia y la gravedad de la situación, de ahí que dar un rango de tiempo considero que sería bastante aventurado y muy poco confiable.

Finalmente, se da por terminada la entrevista con la formulación de una última pregunta enfocada al papel de los “dark sites” en una crisis, cuya respuesta por parte de Fernando me pareció muy interesante, al hablar de la tarea de prevención como medio para aprovechar todas las posibilidades que las nuevas tecnologías nos ofrecen, resaltando su función orientadora, informativa y comunicativa, que posibilita el manejo de la misma. En otras palabras, habla de ir preparando las páginas antes de que se geste la crisis, de tal manera que cuando ya sea una realidad, se cuenta con todo lo necesario para responder a ella, lo cual me parece una gran estrategia por el impacto que puede llegar a generar al tratarse de medios a través de los cuales la información viaja a velocidades inigualables y con los cuales la sociedad contemporánea está ampliamente vinculada.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La hitoria en la gente sin historia: ciudadanos, redes sociales mediadas y situaciones de crisis

El ser humano necesita comunicarse, expresar sus pensamientos y compartir sus ideas. Lo ha hecho desde siempre; es el modo que emplea para relacionarse y entrar en contacto con el otro. No obstante, el modo que ha empleado para comunicarse ha ido cambiando con el paso de los años y más ahora, en donde gracias a los grandes avances de la tecnología se puede entrar en contacto con gente de todo el mundo y enterarse de lo que acontecimientos más relevantes en cosa de instantes. La reseña que a continuación de presenta, del artículo de Dorismilda Flores denominado “Situaciones de la gente sin historia: ciudadanos, redes y sociedades mediadas y situaciones de crisis”, aborda la temática de la comunicación enfocada al papel que juega Internet como generador de información a través de las redes sociales.

Es de todos conocido que los medios de comunicación juegan un papel crucial en el manejo de información, no obstante, en ocasiones ésta se trata de tal forma que se le hace creer a la gente que “no pasa nada”, se le brinda información escasa, generando en ésta incertidumbre y una necesidad de ir más allá de lo que se les brinda. Tal es el caso de la crisis política, en donde es común que muchos acontecimientos no salgan a la luz por cuidar ciertos intereses; no obstante, gracias a Internet y teléfonos celulares ha sido posible documentar y distribuir material vinculados a estos, lo cual me parece además de muy útil, una gran oportunidad para que como ciudadanos demos a conocer la realidad tal y como es, involucrándonos en el medio en el cual vivimos y manifestando que no somos ajenos a lo que sucede en nuestro entorno. Sin embargo, creo que lo anterior siempre tiene que hacerse de modo ético, cuidando que la información, videos, testimonios, entre otros, sean verídicos, evitando así dar pie a falsos rumores que afecten a terceras persona y/o instituciones.

Ahora bien ¿qué genera la necesidad de expresión por parte de los ciudadanos en situaciones de crisis? El autor de este artículo da respuesta a esta pregunta resaltando la necesidad que experimentan de obtener información que les permita entender lo que sucede y tener la seguridad de encontrarse a salvo, lo cual me pareció un punto muy acertado de su parte y además muy cierto, puesto que bajo esta circunstancias la ansiedad y el temor pueden ser factores que atenten en contra de las personas y su equilibrio, siendo a través de información confiable y completa, que pueden contrarrestar estos sentimientos. No obstante, en mi opinión, no basta expresarse sino es necesario saber hacerlo, partiendo de la base que los comentarios trascienden no sólo en el presente, al permitir hacer visible una realidad, sino en el futuro, al dejar constancia de los acontecimientos, como bien hace notar el presente autor.

Una de las grandes ventajas de las tecnologías de la información, desde mi punto de vista, consiste en la posibilidad que ofrecen tanto a los medios como a toda la gente en general de dar a conocer acontecimiento en tiempo real, en el espacio físico en el que ocurren. Esto me parece fundamental debido a que favorece la obtención de información verídica y confiable, sin embargo, aún más importante considero que es la influencia que éstas ejercen, al comprender información que se difunde a un gran auditorio, y la importancia de cuidar algunos aspectos que menciona el autor como: lo que se reporta, cómo se reporta, cómo se presenta, qué tipo de organización lo reporta. Si esto se contempla al momento de producir la información, probablemente se pueda asegurar su calidad y por ende, su amplia difusión en distintos ámbitos.

El fenómeno de los blogs podría parecer un aspecto muy actual, sin embargo, el autor deja en claro que no se trata de algo nuevo, sino que se popularizo a finales de los 80´s en Estados Unidos como protesta por parte de los usuarios en torno a la masacre de Tiananmen, y que posteriormente se extendió en otros países. Además de ser un aspecto que me llamó mucho la atención, me pareció sumamente interesante porque refleja su existencia como una necesidad por parte de la sociedad de dar a conocer su inconformidad y expresar sus pensamientos; en otras palabras, quieren sentirse escuchados y dar a conocer su postura.

A través de blogs, no sólo se les brinda a las personas la posibilidad de ser creadores de sus propios contenidos, y obtener cierto “poder” con la información que proyectan, sino que además, pueden construir memoria de los acontecimientos, revelar “silencios de la historia”, representar la liberación de los oprimidos frente a los opresores. Esto son sólo unos cuantos aspectos que señala el autor en su artículo, a lo que yo agregaría, que la persona a través de estos medios buscar dejar algo de sí en los demás, compartir una parte de su existencia y de lo que considera fundamental dentro de ésta.

La posibilidad de dar a conocer las otras cara de los acontecimientos, pienso que es otra de las grandes ventajas que tiene la tecnología de la información, debido a que nos permite entender un acontecimiento con mucha mayor profundidad, sin reducirla a la poca información (y en ocasiones manipulada), que nos brindan algunos medios.

Finalmente, hay un aspecto sustancial que no hay que perder de vista: quienes conforman las redes son personas que comparten una cierta visión del mundo y quieren difundir y expresar sus experiencias (en ocasiones vinculadas con situaciones de crisis) o bien, enterarse de lo que está ocurriendo en el medio en el que está inmerso. Por tal razón, me parece que la tecnología ha sido una gran herramienta como medio de expresión y difusión de los sentimientos y pensamientos de las personas, sin embargo, creo que ésta puede revertirse en su contra, si no se le da un uso adecuado y se le ponen límites, como lo es el caso de la privacidad y la intimidad de la persona que en ocasiones se ve atentada como consecuencia de un mal uso de lo que la tecnología nos ofrece.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Distintos significados de la crisis


Hablar de la crisis resulta poco difícil en la actualidad y más cuando estamos inmersos en ella de una u otra forma: hay crisis en las familias, económicas, políticas, culturales y sociales. No obstante, posiblemente pocos de nosotros nos hemos interesado en investigar su origen e incluso las teorías que hablan de ella. Mario Domínguez, en su artículo denominado “Distintos significados de la crisis”, aborda cuatro tipos de teorías que explican diversos aspectos de la crisis actual, sobre los cuales hablaré a lo largo de esta reseña.

Para comenzar, cabe señalar la Teoría del Mercado, en donde el capitalismo es una estructura de poder en donde unos individuos ganan ventajas sobre otros, de ahí que ante la crisis, el Estado deba aumentar su capital y disminuir el reparto “benefactor”, teniendo bajo su cargo las decisiones relacionadas con la formación, educación y servicios. Con respecto a esto, estoy de acuerdo en que el Estado debe dejar de ser tan paternalista con la sociedad, porque lo que genera en muchos casos es que la gente se acostumbre a tender la mano para recibir, pensando que es su obligación proporcionarle lo que necesita, sin embargo, considero que éste ha sido el primero en propiciarlo y quien debería en su lugar brindar una educación de calidad en la que más que ser un medio para manipular a la gente, se les enseñe a trabajar de tal modo que no sólo salgan ellos mismos beneficiados, sino que su trabajo retribuya en el bienestar del Estado en su conjunto.

Ante la crisis mundial que se vive desde hace varias décadas, economistas, sociólogos y politólogos han hablado de ella desde diversas perspectivas. Una de las que me pareció más interesantes, es la postura de los sociólogos quienes se refieren a ella como la “era de la angustia”, que de acuerdo con algunos estudiosos, va vinculada con la creciente pobreza, desempleo y deuda externa, lo cual me parece además de muy cierto, un tanto peligroso, debido a que la angustia no hace otra cosa que paralizar nuestro actuar evitando que ocupemos nuestra imaginación y creatividad para solucionar problemas y enfrentar la crisis que, si no ponemos de nuestra parte, inevitablemente nos hundirá en lugar de ser un medio para la mejora y la consecución de grandes ideales.

Siguiendo con la Teoría de Mercado, o economicista, el autor menciona su irrelevancia en el sentido de que considera la economía, la sociedad y el Estado como esferas de acción separadas, cuando en realidad deberían ser consideradas como un todo, aspecto que sin duda alguna comparto con el autor y que considero debería tomarse en cuenta al tomar medidas frente a la crisis, puesto que sólo así se podrá atacar esta situación desde su integralidad al contemplar las distintas esferas que la afectan.

Una segunda teoría es la de la crisis económicas, también denominada Teoría marxista neo-ortodoxa, la cual incluye la Teoría de la lucha de clases, poniendo énfasis en la explotación del trabajo y en la teoría de la contradicción de la fuerzas productivas y la relaciones de producción. Con respecto a ésta, se señala que la crisis está en función de la clase obrera, debido a que es ésta la encargada de generar el capital como producto de su trabajo asalariado, de tal forma que de su resistencia o no a la explotación dependerá la acumulación de capital y por lo mismo la gestación de una crisis económica, una reflexión que me parece muy acertada de su parte, aunque creo que la crisis de mayor importancia vinculado a esto es la social debido a que la manifestación de inconformidad por parte de una sociedad no hace otra cosa que quitarle equilibrio a todos los demás ámbitos, incluyendo el económico y político.

Siguiendo con las ideas que el autor expresa en su artículo, menciona que todos los modelos de crisis comparten la idea de que el capitalismos es dependiente de las crisis debido a que las autorregula, lo cual me pareció bastante interesante y una de las ideas más importantes de su artículo, puesto que permite una reestructura y transformación en la que se elimine aquello que no está siendo de utilidad y se le dé fuerza a aquello que verdaderamente valga la pena, con lo cual la crisis no es sinónimo de problema, sino más bien de oportunidad.

Hablando ahora de la Teoría de la crisis social y política, ésta afirma que no existe una teoría de la crisis económica dado que éste no puede ser visto como un proceso “autónomo”, al estar la sociedad y la cultura muy vinculadas a la acumulación de capital. Por esta razón, se sugiere un control político que abarque no sólo el sector productivo, sino también el social en donde el Estado ha de ejercerlo incluso en el aspecto reproductivo, lo cual no me parece lo más acertado ante una crisis, puesto que en lugar de lograr con ella que la sociedad coopere, puede generar lo contrario, rechazo o inconformidad, que a la larga se traduzca en una problemática mucho mayor.
Finalmente, se habla de la teoría socio-psicológica de la cual se menciona que la crisis de la personalidad es fundamental para redefinirse como un ser social, en donde el problema radica en la contradicción entre el hecho de que “somos y no somos, al mismo tiempo, seres sociales y cuerpos/mentes irreductibles”. En relación a esta teoría, estoy de acuerdo con el autor en que la raíz de esta crisis está en la cultura de la “modernidad”, en donde nos hemos centrado en nosotros mismos, nuestra gratificación, poder económico, entre otros, dejando a un lado que vivimos también en sociedad y debemos responder ante ella; no obstante, no podría culpar a la modernidad de esta crisis, sino más bien creo que somos nosotros los que no hemos sabido hacerle frente al dejarnos llevar por “la corriente” sin ser verdaderamente congruentes en nuestro actuar y con los valores que duramente mucho tiempo fueron nuestra guía.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Crisis de la religión católica


Hablar del tema de la crisis no es algo poco común en la actualidad; constantemente la crisis económica que azota a nivel mundial sale a relucir en las pláticas, es frecuente encontrarnos con familias que están pasando por este proceso, empresas que están al borde de la quiebra y qué decir de tanta gente que sufre de esto a causa del desempleo.

Pues bien, al igual que las instituciones mencionadas anteriormente, la religión cristiana está pasando actualmente por una crisis. Pero ¿qué significa estar en crisis? ¿cuáles son las causas que la han generado?¿qué estrategias se podrían emplear a fin de salir librados de ella? A lo largo de este ensayo, abordaré estos cuestionamientos así como aspectos vinculados con la temática de la crisis del cristianismo, retomando para ello el artículo denominado “Crisis de la religión cristiana” elaborado por Alexander P. Zatyrka, Director del Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

Para comenzar el presente análisis, es preciso definir el concepto de crisis sobre el cual mucho se menciona pero en ocasiones es poca la claridad que se tiene de éste. Una crisis, de acuerdo con Alexander P. Zatyrka, “trata de describir una situación de precariedad, de disfunción, de necesidad de reformular lo que se considera como incuestionable”, en otras palabras, es un indicador de que la realidad ha cambiado y que es necesario tomar medidas para regresar la estabilidad perdida. Por lo anterior, no basta mirar el pasado para lamentar los errores cometidos, sino más bien aprender de ellos, buscar los medios para evitar su repetición y diseñar estrategias para salir de esta situación inestable de la mejor manera posible .

De acuerdo con el autor al cual estoy haciendo alusión, toda situación de inestabilidad es una crisis cultural y al mismo tiempo religiosa, al ser ésta su sustento. Sin embargo, ¿qué es la religión? ¿se reduce a un conjunto de ideas y creencias sobrenaturales? Alexander en su artículo lo explica de manera muy sensata y clara, al mencionar que es el vínculo entre una cosmovisión y el ethos, es decir, aquello que le permite al ser humano entrar en contacto con el mundo tal y como es, a fin de encontrarse con Aquella realidad última y actuar conforme a ella. Asimismo, las vivencias a partir del encuentro con dicho Ser transforman a la persona, permitiéndole comprender el orden de todo cuanto le rodea, lo que nos lleva indudablemente a afirmar que la religión no es algo aislado al ser humano, sino algo íntimamente ligado a su naturaleza trascendente, que busca incansablemente encontrar el sentido y la razón de su existencia.

Entendiendo lo anterior, nos encontramos con que la crisis de la religión cristiana no es algo relativo exclusivamente a la gente cercana a la doctrina, a aquellas personas consideradas “devotas”, “practicantes” o “mochas”; de una u otra manera, esta situación afecta a todas las persona que formamos parte de esta institución conocida como Iglesia, es decir, a todos los cristianos, y no sólo los sacerdotes y obispos, como podría pensarse.

La distinción anterior resulta de gran importancia debido a que en la mayoría de los casos se le suele adjudicar la culpa de la crisis a quienes dirigen la Iglesia, cuando en realidad no son sólo sus actos los que tienen repercusiones, sino los de todos las personas que la conformamos (laicos o civiles), tomando en cuenta que una institución es un sistema cuyas partes se interrelaciones buscando la consecución de un fin. En este caso, las partes de este sistema somos todos los cristianos, quienes a través del ejemplo de Jesús, buscamos experimentar el encuentro con Cristo, nuestro Padre.

No es posible comprender la grave crisis que nos asecha a los cristianos, si no partimos de su base, de su razón de ser. El cristianismo consiste en una religión que busca la salvación del hombre a través de su encuentro con Dios, un Padre amoroso que envío a la Tierra a Su hijo, de nombre Jesús, para mostrarnos el camino de la felicidad, cuya base no es otra que el amor. De acuerdo con el autor al cual estoy haciendo referencia, “Jesús realiza una especie de transmisión de saberes, experiencias y actitudes que van más allá del discurso común e implica a toda la persona y sus actitudes vitales”, es decir, nos enseña a que con nuestra vida demos testimonio del amor que Dios tiene por cada uno de nosotros.

El ideal del cristiano es reflejar en sus obras e instituciones las actitudes de Jesús, sin embargo, encontramos aquí la gran problemática que, desde el punto de vista del autor (mismo que comparto), ha desencadenado la crisis: el cristiano ha perdido la experiencia de la fe y la relación que establecía con Dios, trayendo como consecuencia que deje de acceder a Su amor infinito y viva su ejemplo, consistente en la entrega hacia el otro como un don. En palabras del propio autor “la crisis de la religión está relacionada con la capacidad de fungir como auténtica mistagogía”, es decir, como camino que ayude a sus seguidores a encontrase con la Realidad Última del mismo modo que se ha hecho desde sus inicios.

Ahora bien, toda crisis tiene sus causas, y ésta no es la excepción. Para comenzar, tenemos que “una de las principales causas de la perturbación ha sido precisamente el deseo de renovarse y ponerse al día y de adaptarse a las necesidades nuevas del mundo actual” (Nicolau, 1972: 24); frases como “la Iglesia necesita renovarse”, “si no se actualiza, va a dejar de existir”, “ésas no son más que ideas retrógradas”, entre muchas otras, es posible que más de una persona las haya escuchado en alguna ocasión. Sin embargo, se ha perdido de vista que hay aspectos que son permanentes y otros cambiantes dentro de la religión, de ahí que no se pueda hacer con ésta lo que queramos, ni manejarla según nuestra conveniencia.

En relación a los aspectos permanentes de la religión cristiana, tenemos como ejemplo los Sacramentos, los cuales fueron instituidos por Cristo como medio para darnos la gracia y hacernos hijos suyos, razón por la cual no puede sufrir cambios ni modificaciones; aspectos como el idioma en que se impartirá la misa, o la posición del sacerdote con respecto a los fieles, pueden cambiar según la época a fin de adaptarse a las necesidades de la sociedad. No obstante, esto no tiene verdadera relevancia; lo que sí la tiene, es el hecho de que se le ha quitado valor a los elementos sobrenaturales en oposición a los elementos meramente humanos, a quienes se les ha puesto especial atención, de ahí que “persiste la necesidad de abrirse a lo interno, esto es, a Cristo” (Nicolau, 1972: 27), quien es la base de la religión cristiana y el ejemplo a seguir para sus creyentes.

Otra de las causas de la crisis en la religión cristiana, es la falta de vocaciones, es decir, gente entregada al servicio de Dios e interesada en difundir Su palabra por el mundo. Esto va vinculado con la experiencia de la que ya antes hablaba, en el sentido de que sin el encuentro con Dios es imposible querer seguirlo y manifestar a la gente Su amor. Asimismo, el mal ejemplo de las personas que están a cargo de la Iglesia ha sido en ocasiones suficiente para alejar a muchos fieles de ésta. No obstante, aquí habría que recordar que también la gente que decide entregar su vida a Dios es humana y puede cometer errores, de ahí que no se le deba juzgar con mano dura, sino más bien como lo que es, una persona como cualquier otra.

Vinculado con lo que se acaba de mencionar, tenemos el papel de los chismes, entendidos como aquéllas modificaciones que las personas le agregan a un rumor, los cuales afectan la reputación de una institución e incluso su imagen. Con respecto a esto, el papel de todo cristiano no debería ser dejarse llevar por estos a fin de encontrar argumentos para atacar a su Iglesia y demostrar su flaqueza; más bien debería ir al fondo de la situación, investigar la veracidad de los hechos y como miembro de esta institución, defenderla y reestructurar su imagen debilitada. Para ello, una alternativa podría ser poner los remedios necesarios tan pronto se presente la ocasión, tomando en cuenta que “un organismo que tiene que soportar largo tiempo una enfermedad interna o herida externa sin que se le ponga remedio, es claro que no aumenta su vitalidad” (Nicolau, 1972, 22).

Para poder contrarrestar aquellos hechos negativos, podría ser de utilidad resaltar todo el bien que como institución ha realizado, regresando a sus valores y principios a fin de recuperar la estabilidad perdida y regresar a aquello que siempre ha sido su soporte: Cristo. Asimismo, el que adquiramos como cristianos una preparación sólida a través de la cual tengamos un conocimiento más profundo de nuestra religión, puede ser un medio para hacerle frente a críticas y evitar que aquellos comentarios, chismes o rumores afecten su estructura y estabilidad.

Regresando a las causas de la crisis en esta religión, encontramos también el quebrantamiento de ciertos moldes de conducta; se han “abandonado ciertos cauces por donde discurría la disciplina regular, ciertas costumbres establecidas por la experiencia, [...] sin contar, cuando éstos se destruían, con otros moldes, con otros cauces, con otras costumbres que pudieran sabiamente sustituir a las antiguas” (Nicolau, 197, 27). Con respecto a esto, habría que partir de que toda institución está regulada por ciertas reglas que permiten mantener un orden y ejercer control sobre ella, por lo cual querer pasarlas por algo no lleva sino a una gran desorganización y a un desajuste en sus mecanismos regulatorios; de ahí la necesidad de que los cristianos tomemos conciencia de ello y actuemos no conforme a criterios meramente subjetivos, sino con base en dichas normas que fungen como guía en el camino que Jesús propuso para alcanzar la plenitud.

Partiendo de las ideas anteriores, quedaría por contestar la siguiente pregunta: ¿qué estrategias se podrían implementar a fin dar solución a la presente crisis? A continuación se presentan algunas propuestas entorno a esto.

Como primer punto tenemos a la oración, entendida como “la elevación del alma a Dios o la petición a Éste de bienes conforme a su voluntad” (Comependio, 2006: 147). Si la raíz del problema está en la falta de relación con Cristo y llevar una vida según el ejemplo que dejó, entonces una alternativa es entrar en comunión con Él a través de la oración, medio por el cual Cristo le habla al hombre, le comunica sus mandatos y le enseña a amar y a vivir como Él mismo lo hizo.

Dar testimonio de una verdadera vida cristiana, es otra posible alternativa para hacerle frente a esta crisis. En relación a esto, es frecuente culpar a otros de la situación de la Iglesia, sin embargo, los mismos cristianos en ocasiones hemos dejado de ser ejemplo para quienes nos rodean, actuando como si no lo fuéramos y siendo incongruentes entre lo que predicamos y lo que hacemos; en pocas palabras, reflejamos una carencia de unidad de vida, con lo cual ¿acaso pretendemos así acerca a la gente a la religión? ¿no les damos mayores motivos a quienes están lejos de ella para dejar de creer y desconfiar? Valdría la pena reflexionar en torno a estos puntos.

Continuando la idea anterior, habría también que preguntarlos, al igual que propone el autor del artículo del que partimos, en qué medida nuestra prácticas, doctrinas e instituciones están acercando a sus miembros al sentido pretendido y cuál es la razón por la que en lugar de ser un modelo a seguir, los cristianos hemos dado mal ejemplo saboteando nuestra religión y obstaculizando nuestro encuentro y el de los demás con Cristo.

Una verdadera formación moral, a través de la cual los cristianos podamos sustentar nuestras creencias sobre bases sólidas, puede constituirse en otro medio para solucionar la crisis, puesto que sólo entendiendo la religión, sus fundamentos y su sentido, podremos tener los argumentos que sirvan para derrumbar las críticas y las agresiones que día a día atentan contra nuestra religión buscando debilitar su estructura y a los miembros que la conformamos.

Es fácil criticar a la religión y más dejarnos llevar por lo que la sociedad dice y lo que los medios de comunicación difunden. No obstante, comprometernos con los valores que propone y ser fiel a sus mandatos es un aspecto fundamental que hemos dejado a un lado, de ahí que las herramientas para fortalecer esta institución no están sino en nuestras manos, siendo también labor nuestra sacar adelante a la Iglesia viviendo a partir de las enseñanzas que Jesús nos dejó.

Ser un verdadero cristiano es todo es un reto, al implicar renuncia, sacrificio, entrega y lucha que en muchas ocasiones como cristianos no estamos dispuestos a realizar. Por tal razón, no podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando que nuestra religión se vaya debilitando poco a poco, debemos difundir el mensaje que Dios nos dejó, invitando a la gente a tener un encuentro más cercano con Él y actuando conforme a nuestras creencias de tal modo que demos testimonio de lo que es ser un verdadero cristiano.

Finalmente, querer hacerle frente a la crisis, dejando a un lado a Cristo, soporte de la religión cristiana, resulta completamente imposible. Por tal razón, “la esperanza de tiempos mejores y más concordes, dentro de un legítimo pluralismo, la ponemos en Dios; no en los hombres” (Nicolau, 197: 42). Como bien dice el autor del artículo al cual estamos haciendo alusión, Dios no es una idea, sino una experiencia viva, de ahí la necesidad de que los cristianos recurramos a Él en todo momento y más en los momentos de crisis, a fin de encontrar la guía que necesitamos para nuestra vida.
Fuentes de consulta:
Compendio; (2006). Catecismo de la Iglesia Católica. México: Ediciones CEM
Nicolau, M; (1972). La crisis de la Iglesia. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
Zatyrka, A; Crisis de la religión Católica

domingo, 30 de agosto de 2009

La negociación como intercambio simbólico: la perspectiva desde la argumentación

“La palabra es la consecuencia de una intencionalidad de la razón”. Ésta es una de las primeras frases con la que inicia Roberto Domínguez el artículo del cual hago la presente reseña que lleva por título La negociación como intercambio simbólico: la perspectiva desde la argumentación, un texto a mi parecer un tanto complejo en su contenido y rebuscado en su lenguaje (en ocasiones resultada difícil entender lo que el autor quería señalar), pero que resalta aspectos valiosos en relación al tema de la negociación, vinculado al lenguaje.

Hablar es un acto con el que todos los seres humanos estamos habituados; necesitamos comunicarnos, expresar nuestros pensamientos, ideas, sentimientos; no obstante, es posible que pocos nos hayamos detenido alguna vez a pensar sobre su trascendencia, y menos aún, sobre el papel que juega en la gestación de un conflicto. Con respecto a esto, el autor alude al lenguaje no como vehículo del conflicto, sino más bien como algo que lo puede constituir, aspecto con el que estoy de acuerdo puesto que del modo como se estructure y la intención que traiga por parte del hablante, va a ser una herramienta que lleve a la creación de un conflicto, o lo contrario, a la resolución del mismo.

Abordar la temática del lenguaje es imposible sin hablar del texto, definido por Lotman y la Escuela de Tartú como “cualquier comunicación registrada en determinado sistema de signos”. Esta definición en mi opinión es bastante amplia al englobar con el término “texto” cualquier tipo de lenguaje (oral, escrito, etc), razón por la cual me hubiera gustado que nos proporcionara una definición más completa y sobretodo que aclarara por qué también se considera texto al lenguaje hablando, cuando lo primero que relacionamos con este término es, por lo general, el lenguaje escrito.

Ahora bien, ¿cuál es la relación del texto con la negociación? El autor menciona que todo discurso, un caso particular de negociación, es un texto al conllevar un diálogo e interacción entre personas, mismo que se puede cuestionar y analizar bajo diferentes posturas. Este punto me parece clave porque nos permite adentrarnos al tema de la pragmática, que no es otra cosa que la práctica cotidiana del lenguaje a través de la cual podemos acercarnos al conflicto y entender su contenido, no de modo literal, sino a partir del análisis de su contexto para descubrir la razón y el sentido de su uso, algo que en muchas ocasiones dejamos a un lado y que deberíamos considerar más a fin de salir librados de éste de la mejor manera.

Siguiendo con el tema de la pragmática me pareció sumamente interesante lo que menciona el autor sobre la posibilidad de identificar el estado en que el hablante dice una cosa, así como las relaciones entre la subjetividad y objetividad, las condiciones de verdad, implicaturas y explicaturas, entre muchos aspectos (elementos exralingúisticos) que se pueden abordan gracias a esta disciplina lingüística.

En relación a la negociación estudiada desde la perspectiva de la pragmática, me pareció bastante significativa la clasificación que J.L. Austin propone de los actos del habla: locutivos, consistente en la emisión de enunciados, ilocutivos, que son la realización de una función comunicativa, y los perlocutivos, o reacciones que provoca el emisor sobre su interlocutor, esto debido a que son actos que constantemente estamos realizando en todo proceso comunicativo aún a pesar de no estar consciente de ello. Sin embargo, lo que más me llamó la atención es la subcategoría de actos de habla denominada “indirecta”, en la cual lo que se dice no es lo que se pretendía, aspecto que probablemente muchos de nosotros lo hagamos como producto de la cultura del lugar en el que vivimos.

Se menciona también en el artículo que la negociación es un acto perlocutivo al aprovechar las intenciones del otro (prometer, afirmar, convencer, interesar, calmar) para intentar llegar a la solución de un conflicto. Con respecto a esto, me parece bastante atractivo lo que plantea el autor, pero creo que fue muy complejo el modo en que lo abordó, puesto que, además de que me fue difícil entender la idea central, ésta la pudo haber resumido en lo siguiente: con los enunciados no sólo expresamos algo sino también realizamos acciones lingüísticas.

Situaciones de conflicto siempre van a haber, sin embargo, no basta buscar el modo de solucionarlas, sino aprender de ellas. Ésta es una de las ideas que el autor resalta de otro autor llamado Ochman y que me parece esencial, puesto que es lo que verdaderamente nos hace crecer como seres humanos y nos da además herramientas para no caer en la misma situación a futuro.

Ya se ha hablado con anterioridad del texto y la negociación, sin embargo, un aspecto crucial que aborda el autor es el de la coherencia de un texto, del cual menciona que el contexto, competencia textual en cuanto experiencia compartida entre el intérprete y los hablantes que incluye, es una de las bases para una competencia argumental. En relación a esto, estoy muy de acuerdo con el autor en la importancia del contexto al ser lo que le da al texto diferentes interpretaciones y sentido.

Es claro que todo proceso de negociación requiere de un intercambio, es decir, de un diálogo entre los participantes. El autor retoma al sociólogo francés Pierre Bourdieu para mencionar que este intercambio es siempre simbólico en las negociaciones debido a que los hablantes no comunican los entredichos, las suposiciones y los predeterminantes que tienen en mente, lo cual me parece además de muy cierto y algo que la mayoría hemos corroborado, fundamental, puesto que le da valor a las palabras con las que se pacta.

Finalmente, si partimos de la premisa de que toda negociación requiere de la lengua, estoy de acuerdo con el autor en que debe ser estudiada desde esta esfera, no obstante, no estaría en contra de que fuera estudiada como medio para la conciliación, enfoque que me gustaría que abordara el autor en otra ocasión o al menos justificara con mayor profundidad por qué no hacerlo desde esta perspectiva.

domingo, 23 de agosto de 2009

Rompecabezas del chisme

Los seres humanos somos por naturaleza seres de relación, los cuales a través de la comunicación entramos en contacto con quienes nos rodean. No obstante, hay ocasiones en la que el diálogo que se establece entre las personas no tienen un fin positivo, sino más bien busca desacreditar, destruir o manipular, como es el caso de los chismes, tema que aborda Héctor Héreter en su artículo “Rompecabezas del chisme” del cual hago la presente reseña.

Para comenzar, quiero retomar la definición que el autor da del chisme: ”diálogo de dos o más personas sobre una tercera conocida por todos que no puede intervenir en el discurso”. A mi parecer, esta definición aborda un elemento fundamental que consiste en el hecho de hablar a espaldas de alguien, un aspecto que no es otra cosa que llevar a cabo una comunicación indirecta y poco clara, en el sentido de que lo que se dice probablemente no tenga que ver mucho con lo que sucede en la realidad y no hay quien lo desmienta.

En relación a la creación de los chismes, se habla de la existencia de “chismosos” profesionales, lo cual me parece inconcebible, puesto que un trabajo “profesional” engrandece a la persona y no la denigra, como sucede cuando se inventan rumores que afectan la dignidad de la persona (en el peor de los casos), o la imagen corporativa, en el caso de una empresa. Por tal razón, comparto la opinión del autor sobre la necesidad de que nos formemos el criterio para que no seamos meros receptores de información, sino que en su lugar, nos cuestionemos lo que se nos dice y busquemos en diversas fuentes a fin de no hacer juicios basados en la opinión, sino sustentados en la verdad (aunque queda claro que en muchas ocasiones la manipulación de los medios nos dificulta encontrarla).

Es claro que el chisme no sólo se da a nivel de medios de comunicación, sino que se trata de algo que los seres humanos estamos haciendo constantemente en el día a día, pero ¿cuál es la razón por la que generamos chismes? El autor nos da la respuesta al mencionar que nos permite resaltar nuestras virtudes al compararlas con la persona de la que se habla (de modo negativo), con lo cual queda claro que van dirigidos a generar emociones en quien lo recibe.

El plano psíquico del chisme es otro de los puntos que aborda el autor y a mí parecer el más interesante del artículo, puesto que nos muestra las reacciones fisiológicas que se generan dentro de nuestro cuerpo, como lo es la agudeza de nuestros sentidos, la producción de adrenalina, el aceleramiento del corazón, entre otros por mencionar, con motivo de la necesidad de difundir la información recibida considerada “sumamente atractiva”. Esto nos lleva a entender que es natural al ser humano hacer chismes y/o difundirlos, no obstante, creo que la voluntad humana ha de permear constantemente nuestras acciones, a fin de que éstas no afecten a los otros, como bien sucede con los chismes.

Retomando las características del chisme, me parece que una de las principales es el hecho de que “cada quien le agrega de su cosecha”, agravando la situación puesto que con su amplia difusión parecería que todo lo dicho es verdad, aun a pesar de estar lejos de serlo: como bien cita el autor en el texto “una mentira adecuadamente repetida por mil voces se convierte en verdad”. En relación a esto, considero que hay que tener mucho cuidado con la información que difundimos, contemplando también de quién viene, para evitar de esta forma entrar en el juego de las calumnias, manipulaciones o desacreditación de otras personas, quienes en muchas ocasiones poco tienen que ver con aquello que se dice.

Cómo detener un chisme es algo que me parece clave, puesto que del modo en que le hagamos frente, serán los resultados obtenidos. El autor sobre este punto menciona la necesidad de responde lo más pronto posible, lo cual me parece muy acertado de su parte debido a que sólo aclarando las situaciones y hablando con la verdad, se puede evitar que un rumor crezca y con ello sus repercusiones sobre las personas y/o instituciones de las que se habla.

A manera de conclusión, me parece que en el tema de lo chismes hay muchos factores involucrados, pero desde mi punto de vista el ético es el más importante, puesto que aún a pesar de que en ocasiones un chisme puede carecer de relevancia, en otras la integridad de la persona, la dignidad y su imagen pública están en juego. Asimismo, está en nuestras manos dejarnos manipular por la información que nos dan, ya sea la gente que tenemos a nuestro alrededor o los medios de comunicación, o bien investigar a fin de llegar a la verdad y evitar con ello caer el falsos juicios y chismes que poco nos hacen crecer como seres humanos.

domingo, 16 de agosto de 2009

La crisis de estructura en pequeñas, medianas y grandes empresas

La reseña que a continuación se presenta, hace alusión a un artículo denominado “La crisis de estructura en pequeñas, medianas y grandes empresas”, un texto corto de cuyo autor no se tiene conocimiento, el cual busca darle a conocer al lector la temática de las crisis en las empresas a partir de ideas muy puntuales y claras, aunque a mi parecer con poca profundidad.

Es claro que cada empresa se maneja diferente y que, sin lugar a duda, su tamaño influye en la organización y en el tipo de crisis estructurales a los que se enfrente. El autor clasifica a las empresas en pequeñas, medianas y grandes, según el número de personas que las conforman, el tipo de control que se ejerce dentro de ellas, la distribución de funciones, entre otros aspectos que señala al ir explicando cada tipo de empresa.

Para comenzar, voy a hablar de las empresas pequeñas, de las cuales hay que resaltar el control que ejerce el empresario como el principal encargado de la toma de decisiones al contar con un poder centralizado. En relación a esto, estoy de acuerdo con lo que plantea el autor sobre la necesidad de delegar y permitirles a los diferentes miembros colaborar en la toma de decisiones, no obstante, tener una cabeza que dé dirección a la empresa me parece fundamental.

Uno de los principales problemas de las empresas pequeñas consiste en la falta de funciones fijas y delimitadas para cada uno de los miembros de la empresa, como resultado de la poca confianza que tiene el empresario en sus colaboradores. Esto podría solucionarse con la creación de un organigrama dentro del cual se definan los diferentes puestos con su jerarquía pertinente, así como a través de la elaboración de descripciones de puesto en las que especifiquen, retomando lo que menciona el autor, las principales funciones y responsabilidades de cada puesto. De esta manera no sólo se solucionarían los problemas de coordinación, sino que se tendría mayor eficiencia en el trabajo, mejores resultados, además de contrarrestar las crisis de integración y de estructura generadas dentro de la empresa como consecuencia de lo antes señalado.

Las empresas medianas se caracterizan principalmente por contar con un mayor número de personas, así como por desarrollar grandes cantidades de operaciones que complican el control como empresa y la toma de decisiones. En relación a este punto, me parece fundamental lo que se menciona de incorporar personas encargadas de asumir funciones de coordinación, control y decisión, aunque me hubiera gustado que el autor ahondara más en este punto mencionando la diferencia entre coordinar una empresa mediana de una grande o chica (también estas ultimas requieren de personas que coordinen, controlen y decidan).

Son dos las crisis de estructura a las que se enfrenta la mediana empresa: la crisis de coordinación y control, y la de centralización. Con respecto a la primera, me parece que el punto central recae en la definición de departamentos a cargo de un responsable quien tome las decisiones de su área, con lo cual no sólo la distribución del trabajo sería favorable, sino también el control, el cual se ejercería de modo horizontal (por área), y de modo vertical (del empresario a las distintas áreas).

La otra crisis de una empresa mediana, la de centralización, considero que tiene su raíz en la falta de confianza por parte de los empresarios para que sus subordinados tomen decisiones, de ahí que sea fundamental lo que menciona el autor sobre motivarlos, partiendo de la idea de que los errores no son obstáculos, sino una oportunidad para hacer mejor las cosas, aprender y crecer en lo personal y profesional.

Retomando la idea anterior, una manera de superar una crisis es regresando al pasado no sólo para recordar cómo se resolvió la crisis anteriores, como bien se señala en el artículo, sino también para detectar los posibles errores llevados a cabo a fin de evitar repetirlos y, en su lugar, desarrollar estrategias para que aquello considerado en su momento una área de oportunidad, se convierta a corto plazo en una fortaleza como empresa.

Hablando ahora sobre las empresas grandes, el autor enumera las diversas dificultades a las que se enfrentan como resultado de una crisis de coordinación y control, teniendo como principales la carencia de mandos medios con decisión y autoridad, así como los desajustes entre las decisiones tomadas por el empresario y los mandos medios. Sobre este último punto, pienso que la clave está en la comunicación, al ser a través de la cual se pueden generar acuerdos entre los miembros de los distintos mandos, quienes han de buscar evitar rivalidades y, en su lugar, encaminar sus acciones a la consecución de las metas que como organización se tienen planteadas.

Así como la anterior crisis, las empresas grandes (como consecuencia de su rígida estructura) se enfrentan ante la crisis de formalización para cuya solución se propone un modelo de “Dirección por Objetivos” a mi parecer excelente, al tratarse de una idea asequible y a través de la cual se pueden conseguir grandes resultados (todo depende del cumplimiento de metas previamente establecidas entre el empresario y los mandos medios).

Para finalizar, hay una frase que me llamó mucho la atención, misma que quisiera rescatar: “Lo importante es evitar llegar a una situación anticipándose a la crisis con una actitud de previsión y planteamiento”. Si ante una crisis nos encontramos preparados con herramientas suficientes para hacerle frente, será mucho más fácil que no nos sorprenda y que salgamos triunfante de ella.

domingo, 9 de agosto de 2009

La comunicación en momentos de crisis

Cuando hablamos de una empresa, es común pensar que su valor radica en la cantidad de bienes que posea, es decir, qué tantos activos tangibles tenga bajo su control. No obstante, Octavio Isaac Rojas, Máster en Comunicación Corporativa y Publicitaria de la Universidad Complutense de Madrid, nos muestra en su artículo denominado “La comunicación en momentos de crisis” lo mucho que puede verse afectada una empresa cuando su imagen corporativa pierde peso en el mercado a causa de una crisis.

Para comenzar, habría que partir del concepto de crisis que da el autor, un concepto a mi parecer un tanto superficial en cuanto a que se limita a describirla de manera breve como una situación repentina que afecta el prestigio y la economía de una empresa, sin mencionar cuáles son sus posibles orígenes (sólo menciona que son varios), qué acciones pueden evitar llegar a tal situación, cómo detectarla a tiempo a fin de evitar que se agrave, entre mucho otros aspectos que de haberse abordado hubieran enriquecido mucho más la temática.

No basta reconocer una crisis, es fundamental saber enfrentarla, un punto que aborda el autor al mencionar la importancia de que las empresas cuenten con un “comité”encargado de ello y de un manual que plantee líneas de acción en caso de presentarse una situación así. Lo anterior me parece una gran idea, pero ¿Acaso no sería mejor crear dentro de las empresas una cultura de prevención en donde se busque evitar una crisis empleando para ello una serie de estrategias que surjan por iniciativa de los mismos empleados del corporativo? ¿No sería recomendable que una ver detectadas las variables de riesgo se actuara de inmediato para evitar que la situación se agrave? Estas preguntas considero que serían buenos ejes de análisis a trabajar con el autor.

Partiendo de la premisa de que la imagen corporativa es el valor más importante de la compañía, como sostiene el autor, coincido con éste en el papel crucial que juega el consultor de comunicación como el encargado de cuidar que la imagen corporativa mantenga su prestigio, buscando con ello que la empresa sea rentable y que la competencia no abarque el nicho de mercado del cual está a cargo.

Son muchas las responsabilidades que tiene un consultor, mismas que el autor enumera de manera muy puntual en su artículo, y que se resumen en el buen manejo de la información recopilada, su monitoreo en los medio de comunicación y en el planteamiento de una estrategia que sirva para mejorar la imagen corporativa afectada por la crisis. En relación a esto, considero que la información que nos da el autor resulta muy interesante, pero me hubiera gustado que también hablara un poco sobre el perfil requerido en un consultor, una persona que desde mi opinión ha de buscar desempeñar su trabajo de modo ético y honesto, siendo empática frente al dolor humano y prudente en cuanto al modo y momento de dar la información.

Es frecuente percibir una crisis como un obstáculo, como una situación que trae consigo consecuencias únicamente negativas. No obstante, Octavio Isaac nos muestra la otra cara de la moneda al enseñarnos que también puede ser una oportunidad, en el caso de una empresa, para darse a conocer al público y los productos que ofrece. Este punto me parece sumamente importante porque nos permite caer en la cuenta de que ante un acontecimiento aparentemente adverso se pueden sacar frutos positivos, como lo es darle valor a una empresa y ayudarle a recuperar la imagen que tenía frente al público.


Relacionado a lo anterior, el papel que juega la comunicación al gestarse una crisis dentro de una empresa es fundamental; por un lado, es un excelente medio de difusión que nos permite mantenernos al tanto de lo que ocurre en cosa de instantes, pero por el otro lado, las nuevas tecnologías tienen por inconveniente que en ocasiones dan a conocer información distorsionada o maximizada que no va acorde a la realidad, afectando con ello la imagen de la empresa y su prestigio. Es por tal razón, que considero fundamental que no nos dejemos guiar por lo que se nos dice en una sola fuente de información, sino que vayamos más allá, investiguemos a través de diversos medios, juzguemos con base en hechos y a partir de un criterio bien formado que no se deja llevar por simples creencias sino aseveraciones.

En cuanto a la toma de decisiones, es claro que en los momentos de crisis se trata de una cuestión difícil; no obstante, me parece muy acertado lo que se menciona en el artículo sobre decidir de manera racional y considerando las diferentes esferas que pueden salir afectadas frente a un conflicto, lo cual si va ligado a una previa preparación basada en prácticas de simulación y al empleo de un manual de crisis bien estructurado, como propone el artículo, permitirá salir librado de esta situación con mucha más facilidad.

A manera de cierre, un conflicto vinculado a una empresa puede generar una crisis, que se convierta en un peligro o en una oportunidad según sea su manejo. Por lo anterior, el consultor de comunicación ha de ser lo suficientemente hábil para saber sacar el mejor provecho de una situación problemática a fin de devolverle el prestigio a una marca y reposicionarla dentro del mercado.

miércoles, 4 de marzo de 2009

¿Educar? ¿Para qué?

Es mucho lo que se habla de la educación, de la importancia de ir a la escuela, de adquirir conocimientos, capacitarse y prepararse para la vida. Sin embargo ¿cuál es el verdadero sentido de la educación?

La respuesta es para HUMANIZARNOS! aprender a ser mejores seres humanos, personas más íntegras, virutosas y que busquen perfeccionarse en el día a día.

¡Vale la pena esforzarse y trabajar por nuestra formación!

lunes, 2 de marzo de 2009

¿Sabes qué evaluar?

1. No te enfoques en resultados numéricos y cuantificables, mejor evalúa PROCESOS, que abarcan mucho más que una calificación de examen.
2. Los trabajos, el desempeño, el rendimiento, el trabajo docente, la institución educativa... eso también se evalúa.

Pero ¿para qué hacerlo? Recuerda, lo que no se evalúa, NO MEJORA!!

lunes, 9 de febrero de 2009

Maestro, esto va para tí !!!

Tips para educar mejor:

1. No te dediques tan sólo a transmitir conocimientos, forma en la integridad de la persona.
2. Sé paciente.
3. Escucha a tus alumnos.
4. Actualízate de manera constante.
5. Toma en cuenta los intereses y las necesidades de tus alumnos.

¿Instrucción o formación?

Se habla de la importancia de la educación en el desarrollo de la persona, sin embargo, en ocasiones se emplean instrucción y formación como sinónimos. ¿Sabes en qué radica la diferencia? Comparte conmigo tu opinión

Datos curiosos

Sabías que... Montaigne fue uno de los primeros en hablar en la educación de los niños, mucho antes de Piaget o Froebel?