Los seres humanos somos por naturaleza seres de relación, los cuales a través de la comunicación entramos en contacto con quienes nos rodean. No obstante, hay ocasiones en la que el diálogo que se establece entre las personas no tienen un fin positivo, sino más bien busca desacreditar, destruir o manipular, como es el caso de los chismes, tema que aborda Héctor Héreter en su artículo “Rompecabezas del chisme” del cual hago la presente reseña.
Para comenzar, quiero retomar la definición que el autor da del chisme: ”diálogo de dos o más personas sobre una tercera conocida por todos que no puede intervenir en el discurso”. A mi parecer, esta definición aborda un elemento fundamental que consiste en el hecho de hablar a espaldas de alguien, un aspecto que no es otra cosa que llevar a cabo una comunicación indirecta y poco clara, en el sentido de que lo que se dice probablemente no tenga que ver mucho con lo que sucede en la realidad y no hay quien lo desmienta.
En relación a la creación de los chismes, se habla de la existencia de “chismosos” profesionales, lo cual me parece inconcebible, puesto que un trabajo “profesional” engrandece a la persona y no la denigra, como sucede cuando se inventan rumores que afectan la dignidad de la persona (en el peor de los casos), o la imagen corporativa, en el caso de una empresa. Por tal razón, comparto la opinión del autor sobre la necesidad de que nos formemos el criterio para que no seamos meros receptores de información, sino que en su lugar, nos cuestionemos lo que se nos dice y busquemos en diversas fuentes a fin de no hacer juicios basados en la opinión, sino sustentados en la verdad (aunque queda claro que en muchas ocasiones la manipulación de los medios nos dificulta encontrarla).
Es claro que el chisme no sólo se da a nivel de medios de comunicación, sino que se trata de algo que los seres humanos estamos haciendo constantemente en el día a día, pero ¿cuál es la razón por la que generamos chismes? El autor nos da la respuesta al mencionar que nos permite resaltar nuestras virtudes al compararlas con la persona de la que se habla (de modo negativo), con lo cual queda claro que van dirigidos a generar emociones en quien lo recibe.
Para comenzar, quiero retomar la definición que el autor da del chisme: ”diálogo de dos o más personas sobre una tercera conocida por todos que no puede intervenir en el discurso”. A mi parecer, esta definición aborda un elemento fundamental que consiste en el hecho de hablar a espaldas de alguien, un aspecto que no es otra cosa que llevar a cabo una comunicación indirecta y poco clara, en el sentido de que lo que se dice probablemente no tenga que ver mucho con lo que sucede en la realidad y no hay quien lo desmienta.
En relación a la creación de los chismes, se habla de la existencia de “chismosos” profesionales, lo cual me parece inconcebible, puesto que un trabajo “profesional” engrandece a la persona y no la denigra, como sucede cuando se inventan rumores que afectan la dignidad de la persona (en el peor de los casos), o la imagen corporativa, en el caso de una empresa. Por tal razón, comparto la opinión del autor sobre la necesidad de que nos formemos el criterio para que no seamos meros receptores de información, sino que en su lugar, nos cuestionemos lo que se nos dice y busquemos en diversas fuentes a fin de no hacer juicios basados en la opinión, sino sustentados en la verdad (aunque queda claro que en muchas ocasiones la manipulación de los medios nos dificulta encontrarla).
Es claro que el chisme no sólo se da a nivel de medios de comunicación, sino que se trata de algo que los seres humanos estamos haciendo constantemente en el día a día, pero ¿cuál es la razón por la que generamos chismes? El autor nos da la respuesta al mencionar que nos permite resaltar nuestras virtudes al compararlas con la persona de la que se habla (de modo negativo), con lo cual queda claro que van dirigidos a generar emociones en quien lo recibe.
El plano psíquico del chisme es otro de los puntos que aborda el autor y a mí parecer el más interesante del artículo, puesto que nos muestra las reacciones fisiológicas que se generan dentro de nuestro cuerpo, como lo es la agudeza de nuestros sentidos, la producción de adrenalina, el aceleramiento del corazón, entre otros por mencionar, con motivo de la necesidad de difundir la información recibida considerada “sumamente atractiva”. Esto nos lleva a entender que es natural al ser humano hacer chismes y/o difundirlos, no obstante, creo que la voluntad humana ha de permear constantemente nuestras acciones, a fin de que éstas no afecten a los otros, como bien sucede con los chismes.
Retomando las características del chisme, me parece que una de las principales es el hecho de que “cada quien le agrega de su cosecha”, agravando la situación puesto que con su amplia difusión parecería que todo lo dicho es verdad, aun a pesar de estar lejos de serlo: como bien cita el autor en el texto “una mentira adecuadamente repetida por mil voces se convierte en verdad”. En relación a esto, considero que hay que tener mucho cuidado con la información que difundimos, contemplando también de quién viene, para evitar de esta forma entrar en el juego de las calumnias, manipulaciones o desacreditación de otras personas, quienes en muchas ocasiones poco tienen que ver con aquello que se dice.
Cómo detener un chisme es algo que me parece clave, puesto que del modo en que le hagamos frente, serán los resultados obtenidos. El autor sobre este punto menciona la necesidad de responde lo más pronto posible, lo cual me parece muy acertado de su parte debido a que sólo aclarando las situaciones y hablando con la verdad, se puede evitar que un rumor crezca y con ello sus repercusiones sobre las personas y/o instituciones de las que se habla.
A manera de conclusión, me parece que en el tema de lo chismes hay muchos factores involucrados, pero desde mi punto de vista el ético es el más importante, puesto que aún a pesar de que en ocasiones un chisme puede carecer de relevancia, en otras la integridad de la persona, la dignidad y su imagen pública están en juego. Asimismo, está en nuestras manos dejarnos manipular por la información que nos dan, ya sea la gente que tenemos a nuestro alrededor o los medios de comunicación, o bien investigar a fin de llegar a la verdad y evitar con ello caer el falsos juicios y chismes que poco nos hacen crecer como seres humanos.
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