Hablar es un acto con el que todos los seres humanos estamos habituados; necesitamos comunicarnos, expresar nuestros pensamientos, ideas, sentimientos; no obstante, es posible que pocos nos hayamos detenido alguna vez a pensar sobre su trascendencia, y menos aún, sobre el papel que juega en la gestación de un conflicto. Con respecto a esto, el autor alude al lenguaje no como vehículo del conflicto, sino más bien como algo que lo puede constituir, aspecto con el que estoy de acuerdo puesto que del modo como se estructure y la intención que traiga por parte del hablante, va a ser una herramienta que lleve a la creación de un conflicto, o lo contrario, a la resolución del mismo.
Abordar la temática del lenguaje es imposible sin hablar del texto, definido por Lotman y la Escuela de Tartú como “cualquier comunicación registrada en determinado sistema de signos”. Esta definición en mi opinión es bastante amplia al englobar con el término “texto” cualquier tipo de lenguaje (oral, escrito, etc), razón por la cual me hubiera gustado que nos proporcionara una definición más completa y sobretodo que aclarara por qué también se considera texto al lenguaje hablando, cuando lo primero que relacionamos con este término es, por lo general, el lenguaje escrito.
Ahora bien, ¿cuál es la relación del texto con la negociación? El autor menciona que todo discurso, un caso particular de negociación, es un texto al conllevar un diálogo e interacción entre personas, mismo que se puede cuestionar y analizar bajo diferentes posturas. Este punto me parece clave porque nos permite adentrarnos al tema de la pragmática, que no es otra cosa que la práctica cotidiana del lenguaje a través de la cual podemos acercarnos al conflicto y entender su contenido, no de modo literal, sino a partir del análisis de su contexto para descubrir la razón y el sentido de su uso, algo que en muchas ocasiones dejamos a un lado y que deberíamos considerar más a fin de salir librados de éste de la mejor manera.
Siguiendo con el tema de la pragmática me pareció sumamente interesante lo que menciona el autor sobre la posibilidad de identificar el estado en que el hablante dice una cosa, así como las relaciones entre la subjetividad y objetividad, las condiciones de verdad, implicaturas y explicaturas, entre muchos aspectos (elementos exralingúisticos) que se pueden abordan gracias a esta disciplina lingüística.
En relación a la negociación estudiada desde la perspectiva de la pragmática, me pareció bastante significativa la clasificación que J.L. Austin propone de los actos del habla: locutivos, consistente en la emisión de enunciados, ilocutivos, que son la realización de una función comunicativa, y los perlocutivos, o reacciones que provoca el emisor sobre su interlocutor, esto debido a que son actos que constantemente estamos realizando en todo proceso comunicativo aún a pesar de no estar consciente de ello. Sin embargo, lo que más me llamó la atención es la subcategoría de actos de habla denominada “indirecta”, en la cual lo que se dice no es lo que se pretendía, aspecto que probablemente muchos de nosotros lo hagamos como producto de la cultura del lugar en el que vivimos.
Se menciona también en el artículo que la negociación es un acto perlocutivo al aprovechar las intenciones del otro (prometer, afirmar, convencer, interesar, calmar) para intentar llegar a la solución de un conflicto. Con respecto a esto, me parece bastante atractivo lo que plantea el autor, pero creo que fue muy complejo el modo en que lo abordó, puesto que, además de que me fue difícil entender la idea central, ésta la pudo haber resumido en lo siguiente: con los enunciados no sólo expresamos algo sino también realizamos acciones lingüísticas.
Situaciones de conflicto siempre van a haber, sin embargo, no basta buscar el modo de solucionarlas, sino aprender de ellas. Ésta es una de las ideas que el autor resalta de otro autor llamado Ochman y que me parece esencial, puesto que es lo que verdaderamente nos hace crecer como seres humanos y nos da además herramientas para no caer en la misma situación a futuro.
Ya se ha hablado con anterioridad del texto y la negociación, sin embargo, un aspecto crucial que aborda el autor es el de la coherencia de un texto, del cual menciona que el contexto, competencia textual en cuanto experiencia compartida entre el intérprete y los hablantes que incluye, es una de las bases para una competencia argumental. En relación a esto, estoy muy de acuerdo con el autor en la importancia del contexto al ser lo que le da al texto diferentes interpretaciones y sentido.
Es claro que todo proceso de negociación requiere de un intercambio, es decir, de un diálogo entre los participantes. El autor retoma al sociólogo francés Pierre Bourdieu para mencionar que este intercambio es siempre simbólico en las negociaciones debido a que los hablantes no comunican los entredichos, las suposiciones y los predeterminantes que tienen en mente, lo cual me parece además de muy cierto y algo que la mayoría hemos corroborado, fundamental, puesto que le da valor a las palabras con las que se pacta.
Finalmente, si partimos de la premisa de que toda negociación requiere de la lengua, estoy de acuerdo con el autor en que debe ser estudiada desde esta esfera, no obstante, no estaría en contra de que fuera estudiada como medio para la conciliación, enfoque que me gustaría que abordara el autor en otra ocasión o al menos justificara con mayor profundidad por qué no hacerlo desde esta perspectiva.