lunes, 30 de noviembre de 2009

Encontrando el sentido de la vida

La vida del ser humano es una gran carrera, llena de retos, obstáculos, alegrías, sufrimientos y circunstancias, que lo conducen a buscarle una razón de ser, un motivo por el cual luchar a fin de alcanzar el fin último para el cual fue creado: la felicidad.

A pesar de lo anterior, vivimos en una sociedad en la cual el ser humano cada vez sabe menos lo que quiere; los medios masivos de comunicación le proponen una vida sin límites, “light”, fácil, en la cual los valores materiales parecieran lo más importante, dejando los valores transcendentales en un segundo plano y, en el peor de los casos, olvidados. Pero, ¿en dónde está el problema? La respuesta se puede resumir en tres palabras: pérdida del sentido.

A lo largo de este ensayo, abordaremos la problemática anterior, mencionando qué es la crisis de sentido, lo que la ha ocasionado y definiendo las necesidades humanas de orientación a ser satisfechas, con la finalidad de contrarrestar esta crisis que vive la sociedad moderna.

El término “sentido” probablemente lo vinculemos con una realidad abstracta, ajena a nosotros y al medio dentro del cual nos desenvolvemos; sin embargo, ahí comienza el error, al no reconocerlo como algo que se forma en la conciencia del individuo, a partir de su acción social que constituye su identidad.

Ahora bien, el ser humano no vive aislado, necesariamente necesita del otro para desarrollarse en todo lo que es, en plenitud. Es por tal razón, que Peter L. Berger y Thomas Luckmann, en su ensayo denominado “Modernidad, Pluralismo y Crisis de Sentido”, hablan de un depósito de sentido común cotidiano, a través del cual el individuo hace frente al mundo en el cual está inmerso.

Vinculado a la idea anterior, tenemos que ante de la modernización, el ser humano se regía por valores compartidos incuestionables que le marcaban pautas de acción, lo cual hasta cierto punto facilitaba su relación con los demás y el claro rumbo de su vida. No obstante, la globalización viene a cambiar esta dinámica al plantear un mundo de posibilidades dentro de las cuales tendrá que elegir a fin de ir construyendo el sentido de su vida.

Dentro de los grandes cambios que ha traído la modernización, encontramos los relacionados con los sistemas de valores, los cuales no hacen otra cosa que explicar el actuar del hombre. Como ya se mencionaba, el hombre anteriormente los daba por sentados y se adhería a ellos sin preguntarse si cabría otra alternativa, sin embargo, actualmente no sólo puede elegir aquellos que regirán su vida, sino incluso jerarquizarlos según sus intereses y concepción que se tenga del mundo.

Esta puede ser una explicación por la que se dice que la sociedad actual es cada vez más materialista y superficial, en donde la riqueza del ser humano radica más en el tener que en el ser, lo cual no sólo rebaja la dignidad de la persona al equipararlo a un objeto, sino que además, se puede constituir en un obstáculo para su realización personal.

Es por esta razón, que no es poco común encontrarnos con gente insatisfecha, triste, que deja pasar la vida como si no tuviera importancia, como si nada valiera la pena, cuando ello no es producto de nadie más que de la construcción personal; si bien es cierto el tan conocido dicho que menciona lo siguiente: “cada uno es arquitecto de su propio destino”.

Ahora bien, esta crisis de sentido no sólo recae en el materialismo, también en el pluralismo, generado a partir de la interacción de personas que, viviendo dentro de una misma sociedad, lo hacen de modos diferentes. Esto puede llevarnos, sin lugar a duda, al relativismo, a pensar que cada uno está en el derecho de hacer lo que plazca, de acuerdo con sus gustos, intereses y necesidades, siempre y cuando no dañe a quienes les rodean. De esta manera, como bien dicen Peter L. Berger y Thomas Luckmann en su ensayo, “las convicciones se tornan una cuestión de gustos; los preceptos se vuelven sugerencias”; en otras palabras, ya no hay nada estable, “todo depende del cristal con que se mira”.

A pesar de lo anterior, hay una cuestión sobre la cual el ser humano no puede atentar: la verdad existe independientemente de que éste quiera o no reconocerla, de ahí que deba buscar todos los medios para adecuar su entendimiento a la realidad (verdad) de las cosas. Para ello, cuenta con dos facultades propias de su especie: la inteligencia y la voluntad, mismas que le permiten dirigir sus acciones hacia aquello que perfeccionan su naturaleza y lo llevan a la plenitud.

Siguiendo con las posibles causas de la crisis de sentido, encontramos el gran impacto que ejercen los medios de comunicación, quienes exhiben una amplia gana de formas de vida y de pensamiento, que los seres humanos toman como modelo a fin de encontrarle una dirección a su vida. Esto responde indudablemente a una necesidad del ser humano de autodirección y autogobierno, sin embargo, quizá no le sea del todo benéfico si partimos de la base que sus propuestas no van encaminadas a que el hombre alcance la felicidad, sino más bien, a que “viva la vida sin preocupaciones”, disfrute al máximo “el momento” y viva sin límites.

Aunado a lo que se acaba de señalar, tenemos los grandes avances de la tecnología que han simplificado la vida del hombre al permitirle llevar a cabo una cantidad inimaginable de actividades que anteriormente le resultaba imposible. Un ejemplo de ello es Internet, a través del cual podemos mantenernos al tanto de lo que ocurre en todos los países del mundo en cuestión de segundos y establecer comunicación de una manera rápida y efectiva con cualquier tipo de persona, pertenezca o no a nuestra red social

Un caso muy concreto es Facebook, una de las redes sociales más empleadas en la actualidad por niños, jóvenes y adultos, la cual brinda la posibilidad de entrar en contacto con gente vinculada a nosotros, o bien, con personas que fueron parte de nuestra vida en algún momento pero por una u otra razón dejaron de serlo. A simple vista parece muy atractivo en cuanto a la oportunidad que nos ofrece de conocer más sobre nuestros amigos y conocidos, de “recuperar” viejas amistad o bien consolidar nuevas, sin embargo, ello conlleva también la pérdida no sólo de nuestra intimidad sino de nuestra capacidad para relacionarnos y comunicarnos con los otros.

La idea anterior también nos remite a una carencia de vida interior en la persona; nos preocupamos más por conocer qué sucede en el otro, en lugar de entrar en lo más profundo de nosotros para descubrir quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Si estos tres aspectos no los tenemos claros, es muy probable que tampoco hayamos encontrado el sentido de nuestra vida.
Pasar la vida sin cuestionarnos la razón de nuestra existencia, podría no ser otra cosa que una pérdida de tiempo e incluso un modo de quitarle el valor que por sí misma tiene. La carencia de sentido en la vida, ha llevado a muchas personas a una crisis, buscando para ello la ayuda de instituciones y personas que las orienten para descubrir esto que tanto anhelan, a fin de vivirla con mayor plenitud, compromiso y de un modo más congruente, con base en valores que la sustenten.

Entre las instituciones que brindan esta ayuda encontramos las educativas, cuya principal función consiste en formar a la persona y desarrollarla en todo lo que es, es decir, en su integralidad (su área cognitiva, emotiva, actitudinal, social, espiritual, etc.). De igual forma, distintos orientadores, terapeutas, psicólogos clínicos, entre otros especialistas se ha preocupado en procurar el bienestar de la persona proporcionando asistencia en esta área.

La pregunta que cabría entonces formular es ¿qué necesidades humanas básicas de orientación deben ser satisfechas?

Para responder al cuestionamiento anterior, comenzaré hablando de la moral, término que hoy en día está muy devaluado al vincularlo inevitablemente con la religión, cuando en realidad hace referencia a un conjunto de normas que guían el actuar del ser humano, orientándolo acerca del bien o mal de sus acciones. Si el hombre asume las normas morales, sabrá de qué manera dirigir su actuar a fin de alcanzar las metas que lo perfeccionen y engrandezcan.

No obstante, vivir con base en las normas morales implica un gran compromiso por parte de la persona, al reconocer que sus actos no se quedan sólo en sí mismo, sino repercuten en los demás. De la misma manera, conlleva una lucha constante por vivir de un modo congruente (unidad de vida), en donde los actos estén en concordancia con una determinada manera de pensar y de sentir, lo cual no es fácil, pero seguramente muy enriquecedor para quien lo logra.

Así mismo, el manejo de límites es otra de las necesidades a ser satisfechas, debido a que los seres humanos tenemos libertad, de cuyo uso dependen no sólo los resultados que de nuestros actos obtengamos, sino la satisfacción personal producto de éstos. Actualmente, es frecuente encontramos con gente que piensa que todo es válido, que lo importante es “hacer lo que nos nazca”, cuando si bien tenemos libertad, también tenemos la voluntad para decidir qué acciones nos llevan hacia el bien, y cuáles son obstáculos para su consecución.

Por lo anterior, resulta de mucha importancia que como seres humanos reconozcamos que la vida no está para cumplir caprichos, sino más bien para aprovecharla y darnos a los demás, un medio que sin lugar a duda nos puede llevar a la realización personal.

En la vida se nos presentan diversas dificultades que de irlas afrontando y superando, nos permiten crecer como seres humanos y enriquecernos a partir de ello. Por tal razón, otra necesidad de orientación radica en el establecimiento de un proyecto de vida en el que se definan metas a alcanzar a partir de la consecución de pequeños objetivos. Esto no sólo llevará al ser humano a tener algo por qué luchar en la vida, sino también a darse cuenta de que lo verdaderamente valioso requiere de esfuerzo, tenacidad y entrega, contrario a los planteamientos de la sociedad moderna.

Dejarse llevar contra corriente resulta sumamente fácil en el mundo en el que vivimos, por tal razón, defender con argumentos sólidos nuestras convicciones, teniendo como medio a la comunicación (cuidando el mensaje, el modo y el momento) y siendo respetuosos y tolerantes frente al modo de pensar de otras personas, nos permitirá darle un rumbo más sólido a nuestra vida.

Otra de las necesidades de orientación para contrarrestar la crisis de sentido, está vinculada al fomento de relaciones más armónicas entre los miembros de una familia. Actualmente, es frecuente ver familias en las cuales los miembros que la conforman viven “unidos” sin realmente estarlo, lo cual se debe a la falta de comunicación e interacción entre sus miembros; no comparten sus sentimientos, sus experiencias, su modo de ver la vida, de ahí que no se afiancen vínculos afectivos que constituyan el soporte que se requiere ante momentos de dificultad. Por tal razón, la satisfacción de esta necesidad le permitirá a la persona nunca darse por vencida tomando en cuenta que tiene el apoyo y el cariño de quien lo necesita.

Finalmente, a manera de conclusión podemos decir que el sentido está en nosotros mismos de ahí que esté también en nuestras manos encontrarlo a fin de realizarnos plenamente como seres humanos, o bien, dejar pasar la vida sin tomar en cuenta que es un tesoro que nos pertenece y estamos desperdiciando. Así mismo, ante la crisis de sentido se han creado distintas instituciones de orientación, no obstante, ninguna ayuda será suficiente sin la voluntad y el compromiso de quien a ella acude.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Conflicto de canal

Brent Driven y Zach Evanz realizaron una presentación sobre el tema “Conflicto de canal”, en donde de manera muy puntual dan a conocer sus aspectos más relevantes, mismos que retomaré en la presente reseña.

Para comenzar, los autores intentan explicar lo que es un conflicto de canal a través de una imagen, misma que hace notar un conflicto entre dos personas teniendo a un tercero por mediador. Seguramente, si esta presentación fue realizada para una ponencia u exposición, estos autores utilizaron esta imagen como medio para explicar el concepto, pero teniéndola como tal, como presentación, el único mensaje que transmite es que se trata de un pelito, sin ahondar más en este punto (por ejemplo, de qué tipo de conflicto se trata). Desde mi punto de vista, hubiera sido de mucha utilidad haber puesto palabras clave que ayuden a la mejor comprensión del concepto.

Ahora bien, de acuerdo a su definición de conflicto de canal, éste se presenta cuando los miembros de un canal tienen una percepción sobre sus roles, responsabilidades y logros distinta a lo de los miembros de otro canal. Con respecto a esto, yo les sugeriría a los autores que aclararan desde el inicio que el canal del cual están haciendo alusión es el de distribución debido a que así se le podría dar mejor cauce a la temática y generar mayores expectativas en quienes lo están aprendiendo.

El autor continúa abordando la temática proponiendo dos causas de un conflicto de canal: la evolución del mercado y las estrategias de e-commerce. Me hubiera gustado que los desarrollara más dado que no comprendo por qué los anteriores pueden ser el origen de un conflicto de canal, además de que inmediatamente dieron paso a la relación que tiene el conflicto de canal con Internet (probablemente buscando explicar e-commerce), sin abordar la evolución del mercado, que es la primera causa que proponen.

En relación a las motivaciones para la venta directa, los autores mencionan que ésta permite proporcionar un mejor servicio, tener mayor flexibilidad con los atributos del producto, mayor acercamiento con el cliente, protegerse contra la crisis de los revendedores, entre otros por mencionar. Estoy de acuerdo con los autores en los beneficios que puede traer este tipo de venta, aunque también considero que su utilidad varía de acuerdo con el tamaño de la empresa (probablemente a una empresa grande no le funcione tan bien la venta directa, como lo sería para las pequeñas empresas), el tipo de negocio y los clientes a los que se vende.

Identificar cuando una compañía está experimentando conflictos de canal, resulta de gran importancia para diseñar las estrategias que lleven a su resolución. Los autores proponen 10 signos para esta identificación, que podría resumirlas en una baja de ventas y una deficiente atención al cliente que se ve reflejado en quejas e inconformidades de su parte. Ante esto, yo considero que la línea de acción que debería seguir una empresa, primero que nada, es atender a sus clientes internos (empleados), al ser el recurso más importante con el que cuentan de cuya satisfacción va a depender los resultados que generen, y en segunda instancia, satisfacer las necesidades de sus consumidores, debido a que ello permitirá subir las ventas y por ende que la empresa siga generando utilidades.

Los autores dan a conocer, de igual modo, los dos tipos de distribuciones, en donde dejan en claro que la distribución directa, a través de un sitio web, deja mayores ganancias a la empresa que la distribución tradicional, en donde hay un detallista o retailer al que se le tiene que pagar, reduciendo por tanto los ingresos por los productos. Este aspecto me llamó mucho la atención y me parece muy cierto, puesto que un intermediario en las ventas, como Internet, puede reducir costos y a la vez generar mayores consumidores tomando en cuenta que se trata de un medio masivo de comunicación.

Para minimizar el conflicto de canal, los autores plantean 10 ideas, entre ellas no publicar los precios en los sitios web, desviar el cumplimiento de las órdenes de los retailers, generar anuncios en línea y comunicar efectivamente sobretodo la estrategia de distribución. A mi parecer, la última estrategia mencionada es la más idónea, dado que permite definir con claridad cómo abordar las necesidades del cliente a fin de que tanto éste como la empresa salgan beneficiados.

Finalmente, a modo de conclusión, los consumidores se mueven entre ambos canales de distribución (tradicional o directo), de ahí que los dos deban satisfacer sus necesidades y compartir costos. Vinculado a esto, considero que los conflictos de canal no son poco comunes, sin embargo, si ambos se emplean según las circunstancias partiendo de un objetivo claramente definido, los conflictos podrían disminuir y el empleo de los canales podría verse como complemento, más que como competencia.